miércoles, 21 de marzo de 2012

Medida ¿útil?

El Gobierno extenderá la semana de 37,5 horas para todo el personal público. Esta es una cuestión que lleva sonando bastante tiempo, algunas entidades públicas autonómicas y locales ya lo empezaron a aplicar hace meses, y otras muchas administraciones tienen jornadas de 37,5 horas -o incluso 40- desde hace ya años... Así que ¿cómo es de útil que todos los empleados públicos pasen media hora más al día sentados en su silla? Para esto hay opiniones de todos los colores y sabores, como, por cierto, manifiestan los cientos de comentarios de la noticia -no todos útiles, suficientemente razonados o simplemente con un mínimo de respeto, todo hay que decirlo-...

¿Y yo que opino? ¡Buf! La cuestión es complica, porque al margen de lo mucho o poco que me motive ir a trabajar media hora más al día, lo cierto es que me parece una medida inconsistente e inútil. Mientras no se habiliten mecanismos que permitan mesurar objetivamente el rendimiento de los trabajadores públicos, esto no es más que una decisión populista que generará -según mi modesta opinión- media hora más al día de gastos e ineficiencia.

No creo que extender la jornada laboral y reducir los sueldos (de cualquiera, no sólo de los funcionarios) sea la mejor medida anticrisis. Por norma general, empeorar las condiciones laborales de un trabajador -sea el que sea- y perder derechos adquiridos, sólo genera desmotivación (profesional y consumista), lo que, hasta donde yo sé, se da de bruces con la eficiencia en el trabajo o el crecimiento económico. Ojo, que esto no quiere decir que en las Administraciones Públicas no haya ya un importante problema de ineficiencia, o el cuestionable asunto del sobredimensionamiento (aquí podríamos hablar de otras cuestiones, como por ejemplo esta comparativa entre España y otros países europeos sobre los empleados públicos). Pero creo que no es ese el tema. Aunque tengamos aproximadamente el mismo número de funcionarios por habitante que Alemania, ellos crecen y nosotros estamos en recesión, ellos tienen un paro del 6% y nosotros tenemos un paro de 23%... Mi opinión es que la administración española no está sobredimensionada, la administración española, en muchos casos, es ineficiente, y eso no lo solucionarán haciendo que hasta el último de los auxiliares administrativos esté sentado en su mesa media hora más al día.

Paradójicamente, ese "para todo el personal público" que aparece en el titular de la noticia supondría, de ser cierto, un alivio para mí. Por mi condición de interino me encuentro bastante inquieto tras haber escuchado las previsiones más agoreras sobre nuestro futuro: desde reducciones de jornada y sueldo, hasta amortización de puestos de trabajo... Así que si tengo que levantarme a las 5:30 en vez de a las 6:00 para estar allí sentado media hora más -unos días tendré cosas que hacer, otros no- pues ya estoy programando el despertador... El debate está abierto

viernes, 16 de marzo de 2012

Cuentas pendientes

17.000 millones de euros de deuda a proveedores -sólo de ayuntamientos-. Facturas sin pagar desde 1997. Pueblos de menos de 300 habitantes con cuentas pendientes por valor de medio millón de euros (parece poca cosa, pero son 83 millones de las viejas y añoradas pesetas)... ¿Pero que cojones han estado haciendo?

¿Cuántas pequeñas y medianas empresas se han llevado por delante nuestros "representantes" locales? ¿Cuántas familias están ahora al límite de la subsistencia por esta panda de sinvergüenzas? ¿Qué porcentaje del paro en este país se debe DIRECTAMENTE a esta morosidad impune más que a los reveses de los mercados? ¿Cómo es de determinante para la agudeza de la crisis en España el estar gobernados por una caterva de hijos de puta? ¿Cómo es posible que el mayor "castigo" que puede sufrir un alcalducho de mala muerte por este despilfarro vergonzoso, indignante y delictivo, sea no ser reelegido en unas elecciones?...

Actualización:

La deuda pública de las Comunidades Autónomas alcanza los 140.083 millones de euros... Insisto ¿Pero que cojones han estado haciendo?

jueves, 15 de marzo de 2012

Vuelta a La Reserva

Desde hacía tiempo veníamos hablando con otros padres de realizar una escapada para que nuestros hijos pasaran tiempo juntos fuera de la guardería (y al mismo tiempo estrechar lazos nosotros). Como todos los niños, Olga tiene una relación más estrecha con algunos compañeros y compañeras de la clase, especialmente con dos niñas. Tanto es así que se han ganado varios apodos cariñosos de las cuidadoras, como "las Tres Divinas" o "el Trío Lalala".

Finalmente, hemos logrado movilizar un pequeño grupo, cuatro parejas (sumábamos seis niños, así que por lo menos los adultos éramos mayoría). A las Tres Divinas de la guardería se sumó una cuarta, prima de Olga (de la misma edad); otra pequeña de algo más de un año, y un único chico, un año mayor que las niñas, que pensó que por ser el único chico y ser el mayor iba a tener muy fácil lo de ser el jefe (bendita inocencia...).

El destino fue la Reserva del Castillo de las Guardas, donde nosotros ya habíamos estado el año pasado por estas fechas. Esta vez no hicimos la locura de ir y volver en el día y reservamos hotel para la noche del sábado. Lo que mejoró sustancialmente la experiencia.

Llegamos el sábado sobre la una, tras un viaje bastante tranquilo (salvo por algún malentendido con el GPS, cosa que ya viene siendo tradición...). El Hotel está cerca de La Reserva, en la recreación de un viejo poblado del Far West. La zona de las habitaciones parece un destartalado edificio de madera con un rótulo que reza: "Hotel Fort West Barranco". Pero cuando entras, las estancias sorprenden (es bastante nuevo, de 2008 creo, y está limpio y bien cuidado). Desde nuestra ventana veíamos la pequeña iglesia y la oficina del sheriff. Fuera, en la calle desierta, todo tiene un aspecto un poco desvencijado. Carromatos y viejas diligencias esparcidas aquí y allá adornan todo el conjunto. En realidad, cuando no hay actuaciones y visitantes caminando por todas partes, tiene más pinta de pueblo fantasma del oeste que de otra cosa... Cruzando una polvorienta plaza, presidida por un viejo molino, está "The Mines Saloon", que hace las veces de comedor, lugar de reunión y sala de espectáculos... Reconozco que, como yo soy algo peliculero, he disfrutado bastante del lugar. 



Hicimos el check in y comimos mientras veíamos el típico espectáculo de indios y vaqueros. Resulta un poco rancio lo se, pero a los niños les gustó, sobre todo los caballos al galope. Cuando se es padre hay que renunciar a cosas más cool y quedarse con el entretenimiento más sencillo... Por la tarde, todos los pequeños se saltaron la siesta y nos fuimos a recorrer la reserva de animales. Los niños disfrutaron excitados viendo emús, cebras y un sinfín de animales a un metro de sus manos; los mayores también, aunque estábamos más pendientes de los enanos, de que sus dedos no estuvieran demasiado cerca de picos y dientes, y de que no se comieran todo el pan -rancio y duro- que nos habían dado para alimentar a los animales y que poco después de empezar la excursión les dio por mordisquear... 


Más tarde, tras los baños y duchas de rigor, nos reunimos todos en el Saloon para cenar. El escenario vacío hizo las delicias de nuestras pequeñas artistas, que hicieron un repaso a todo el repertorio de canciones de la guardería. Luego durante la cena "disfrutamos" de un espectáculo musical... ¿cómo decirlo sin ser irrespetuoso?..., un tanto desproporcionado y estridente. Pero bueno, a la mayoría de los niños les gustó; no tanto así a Olga, que a esa hora estaba ya que no podía con su alma (ha estado bastante malilla y, aunque se ha recuperado, su cuerpo no aguanta todavía mucha guerra...). Así que a las diez y media ya estábamos en la habitación y poco después profundamente dormidos.

Comenzamos el domingo, con un copioso desayuno y volvimos a la reserva para ver la exhibición de aves de cetrería y el espectáculo de los leones marinos. Paseamos un rato viendo algunos animales más y comimos en un restaurante del parque (llenamos un pequeño comedor y resultó una comida bastante bulliciosa gracias a una legión infantil revolucionada...). Luego, aprovechando el cansancio acumulado y el sopor de los estómagos llenos, repartimos a toda la tropa en los coches y emprendimos el viaje de vuelta... No se los demás, pero Olga cayó rendida cinco minutos después de abandonar el recinto de la reserva, y por primera vez en su vida, durmió casi dos horas y media seguidas en el coche, prácticamente todo el viaje de vuelta.

Paso de hacer más monadas hasta que alguien me tire un platano...
Después de varias semanas en las que parecía que la niña no levantaba cabeza, entre fiebres, mocos y toses, ha sido un estupendo fin de semana, no sólo por haber desconectado de trabajos, rutinas y quebraderos de cabeza, sino también porque, pese a ciertos momentos de bajón, hemos visto a la pequeñaja correr, jugar y disfrutar como hacía bastante tiempo que no la veíamos.

lunes, 5 de marzo de 2012

Frustraciones binarias

No es necesario dedicarse a esto de la Informática para saber lo frustrante que puede llegar a ser un puñetero ordenador. Es fácil imaginarse a cualquier usuario, sin grandes conocimientos, dándose de cabezazos contra la mesa, delante de una pantalla que arroja una y otra vez incomprensibles mensajes que paralizan su trabajo o arruinan un momento de esparcimiento. Los que nos dedicamos a esto nos enfrentamos a este tipo de frustración continuamente. En el trabajo por lo menos dos veces a la semana, y en casa, enredando o intentando pasar un rato "de ocio", por lo menos un par de veces al mes. Para nosotros, muchos de esos mensajes son igualmente enigmáticos, pero, al contrario que un usuario profano en la materia, que llegado un determinado momento desiste (y llama a su amigo informático), nosotros perseveramos, perseveramos hasta desquiciarnos... Un enigma informático de este tipo, para la gente de esta profesión, es una afrenta en el orgullo, un grano en el culo, un reto que suele concluir con la solución más ridícula o formateando el equipo a las cuatro de la madrugada...

Mi particular cruzada la semana pasada comenzó con un videojuego que compré en Steam (Left 4 Dead 2, un didáctico shooter sobre cómo aniquilar zombies de manera eficaz y desagradable). Lo había probado en una red con amigos y me encantó, así que aprovechando una oferta lo compré, lo descargué y lo instalé (la segunda temporada de The Walking Dead no me está resultando suficientemente satisfactoria...). Cuando intenté ejecutarlo por primera vez, se quedó colgado tras el video introductorio de Valve Corporation. Mi estupefacción fue in crescendo con cada intento de carga, en cada ocasión el video se quedaba parado exactamente en el mismo momento... "¡Mierda! Por fin decido comprar un juego completamente legal y me pasa esto... El karma me está puteando por años de pirateo inmisericorde..."

Desde ese momento comenzó una semana infernal de actualización de drivers, cambios de resolución de pantalla, imprudentes activaciones y desactivaciones de los servicios del sistema, toqueteo en el registro de Windows y consultas en foros. No había absolutamente ninguna razón sensata por la que el dichoso juego no debiera correr en mi máquina y sin embargo el video se quedaba colgado una y otra vez en el mismo sitio, con cada prueba, de una forma irritante... Finalmente, cuatro días después de toparme con el problema, cuando estaba a punto de formatear el equipo para hacer una última prueba sobre una instalación limpia del sistema, di con la solución -absurdamente sencilla- en un foro que debía estar escrito en cirílico, y del que habría pasado completamente de largo de no ser por un par de imágenes y un sencillo parámetro de carga: "-novid". Resulta que este parámetro permitía saltarse el video de la intro..., "¿Y ya está?". Pues sí, y ya está... Lo probé y efectivamente, ni rastro del puto calvo con el grifo en la cabeza. El juego funcionaba perfectamente.

Esta odisea terminó el viernes por la noche, así que, entusiasmado, fantaseé con la idea de jugar, por lo menos, dos o tres horas el fin de semana para resarcirme. Ya estaba frotándome las manos, cuando mi señora esposa, sentada frente a su notebook me llamó angustiada: "Mira lo que me está pasando...". El antivirus lanzaba continuas ventanas con mensajes avisando de la detección de un troyano en librerías del sistema. Cada acción de "eliminar la amenaza" acababa con una nueva dll infectada. Algunos programas de administración del sistema no funcionaban y todas mis desesperadas búsquedas por alguna solución rápida en el navegador me redirigían a la misma puta página de spam. Así que de esta manera, casi sin darme cuenta, se me pasó el fin de semana, sentado frente a dos ordenadores (el infectado y uno limpio en el que investigar y descargar utilidades). Finalmente, tras ejecutar numerosas herramientas durante dos días (ccleaner, malwarebytes anti-malware, superantispyware y otra media docena...) no hubo forma de limpiarlo completamente y la aventura terminó -esta vez sí- con un format c:, una restauración del sistema y un humilde y perseverante informático encabronado y sediento de sangre el domingo por la noche...

A veces me pregunto si todavía no será demasiado tarde para llenar el patio de mantillo y dedicarme a plantar tomates y pepinos...

lunes, 27 de febrero de 2012

Beta tester

Siempre he pensado que el trabajo de beta tester tenía que ser la leche. Me imagino que, acuciado por la falta de tiempo para pasar unas cuantas horas con algún videojuego, he fantaseado a menudo con la idea de que ese sería el trabajo ideal. Luego, pensándolo más en frío -y con el recuerdo del picorcillo de alguna buena sesión de juego en los ojos- imagino que hasta de los videojuegos puede acabar uno hasta el gorro (aunque puedo asegurar que, por el momento, no es ese el caso. Un buen amigo me regaló hace un par de días un juego, "Deus Ex: Human Revolution", y a penas he podido instalarlo..., por lo que todavía estoy más que lejos de estar cansado...).

Hay otra cosa que siempre me ha gustado bastante: comer bien. Y este fin de semana, gracias a unos amigos, he podido ser, por una tarde, un beta tester un tanto especial: probador de menús de boda. Dichos amigos han tomado la decisión de dar un paso más en su relación y han resuelto organizar un buen bodorrio. Así que me sentí muy honrado cuando el novio, a la sazón compañero de trabajo, pensó en mi como el pobre desgraciado que aceptaría venir a comer a las cuatro y media de la tarde...

Tengo que reconocer que al principio me daba un poco de vergüenza, pero finalmente mi curiosidad venció a mi timidez y acepté. Nunca había estado en una prueba de menús -la de mi propia boda se limitó a cenar con mi mujer (entonces novia) en el restaurante en el que celebramos la boda, donde nos sirvieron, sin opciones ni parafernalia, el menú que previamente habíamos elegido...-. Además, la única persona a la que no conocía era la madre del novio -que me pareció encantadora-. A la novia la conozco desde hace lo menos quince años (casi lo mismo que a sus padres), y al novio hará ya seis (empezó siendo un compañero de trabajo de opiniones y actitudes interesantes y hoy ya puedo contarle entre mis amigos). Así que me dije: que demonios, con esta crisis no está la cosa para rechazar una buena comida... ¡Y que comida oigan!

A las cinco y pico de la tarde, ya había perdido la cuenta de los entrantes que habíamos probado -no sé, debieron ser catorce o quince-. Aún así intentaba mantener el tipo, aclarándome la boca con un sorbo de agua, para poder dar una opinión algo más elaborada sobre los matices concretos de cada delicia; a fin de cuentas confiaban en mí para ofrecer un dictamen objetivo que les ayudase a tomar una decisión. Hasta aquel día la comida, para mi, estaba buena o mala, punto. Así que fue un esfuerzo sublime elegir entre quince bocados cojonudos... Luego llegaron los primeros -cuatro cremas frías o tibias-, los pescados -otros cuatro finos platos-, las cuatro carnes -para chuparse los dedos- y cinco postres hipercalóricos -con los que la novia, y yo mismo, ya perdimos la compostura-... ¡Ah!, y tres buenos tintos para regarlo todo... Al final ni matices ni leches, estaba felizmente empachado, ligeramente ebrio y con el paladar hecho un lío... Fue una experiencia gratificante, no sé si para dedicarme a ello profesionalmente, pero desde luego gratificante...

Sólo resta decir una cosa: ¡Buena suerte chicos! Gracias por acordaros de mi para este evento y nos vemos en la presentación de la versión estable.

lunes, 6 de febrero de 2012

Energía

Aquella mañana se levantó un poco antes de las primeras luces del alba. Todavía estaba oscuro en su habitación pues el sol no había empezado aún a quebrar el horizonte. Pero al menos no había sido una de las peores noches. La luna, en avanzado estado creciente, se había aliado con un cielo despejado, y un contorno de luz blanca y mortecina dibujaba todos los objetos de aquella estancia. Además, hacía un par de días había tenido la feliz idea de reunir todos aquellos CDs y DVDs y prácticamente había forrado con ellos ciertas partes estratégicas de las paredes, para captar en sus superficies brillantes y policarbonatadas cada mínimo rayo de luz -solar o lunar- que entrase por aquella ventana. No era un sistema extremadamente eficaz, pero estaba seguro de que podría irlo mejorando y además le proporcionaba iluminación suficiente durante el día (y durante las noches en que la luna era generosa). Lo que fuera por ahorrar en linterna o mechero.

Ahora miraba con melancolía aquellos soportes ópticos, donde estaba toda su vida, inaccesible en forma microscópicas erosiones hechas por un láser. Habían pasado muchas cosas en las últimas semanas, pero aquella sensación de pérdida ante la inexorable certeza de no poder acceder a aquellos datos era angustiosa. Le resultaba algo ridículo pensar en aquello cuando llevaba semanas pasando frío, casi sin lavarse y alimentándose de latas y conservas caducadas (además sus reservas menguaban preocupantemente); pero recordaba de forma reiterada una conversación con un conocido que se negaba a renunciar a los libros y documentos escritos y a los tradicionales álbumes de fotos porque afirmaba que nadie podía saber lo que iba a pasar en un futuro...

... Y el futuro había llegado más pronto de lo que cabía pensar. Un buen día empezaron las caídas de tensión. Poco después llegó el reconocimiento oficial por parte de las administraciones de que serían necesarias ciertas restricciones en el abastecimiento de energía. La potencia máxima que se podría consumir en los hogares se redujo a mínimos indispensables y las cifras escritas en la factura de la luz empezaron a mostrar cantidades descabelladas. Luego llegaron también las dificultades con el agua (en principio no por escasez, sino por la dificultad en hacerla llegar a cada casa)... Todos pensaron que esta sería una situación temporal, que pronto llegarían los gurús de las renovables, pero esos gurús no llegaron porque, entre otras cosas, nunca tuvieron el apoyo y la confianza total de gobiernos y energéticas. La mayoría (entre ellos los más grandes) desaparecieron de la escena de las energías alternativas cuando dejaron de llegar las ayudas estatales y el beneficio ya no era suficiente; otros aguantaron algo más con exiguos márgenes; y sólo unos pocos continuaron investigando y desarrollando hasta que ya no pudieron más.

Algunos de sus vecinos soportaron mejor la tormenta durante un tiempo, gracias a sus generadores eléctricos, pero aquello duró hasta que comenzaron los recortes en el suministro de combustibles. Primero les sugirieron usar el transporte público, más tarde sólo se proporcionó carburante para aviones, trenes y un restringido grupo de servicios de transportes urbanos e interurbanos (por supuesto nunca dejaron de verse enormes coches negros con matrículas oficiales, aunque a estas alturas eso era meramente anecdótico). Finalmente sólo quedaron pueblos y ciudades aisladas, calles oscuras y silenciosas, adornadas por pequeños y distantes puntos de luz de fuegos y linternas.

Tal vez no debieron tomar tan a la ligera el hecho de que con cada depósito se quemaban miles de años de historia geológica...

jueves, 19 de enero de 2012

La gran excusa

Uno de los mejores inventos de la humanidad es la excusa. Quién no ha escuchado alguna vez eso de "Llego tarde porque había un atasco de mil demonios", "No he traído los deberes, porque se los ha comido mi perro", "iba muy borracho y no me di cuenta de que era tu novia" o aquella en una convención política: "No estaba dormido, estaba reflexionado gravemente sobre los problemas actuales del partido"...

Hoy un nuevo genio nos trae otra excusa para la historia:
Capitan Francesco Schettino, Crucero Costa Concordia

lunes, 16 de enero de 2012

Pinceladas Autobiográficas: SUP3IA por el mundo

Tengo un compañero de trabajo que es muy buena gente, pero al que envidio de una forma visceral y malsana. Se ha pegado unos viajes que ya los quisiera Willy Fog. Después de cada gran aventura me muestra con regocijo sus libros de fotos, los cuales yo miro ojiplático y envidioso, deseando, inexplicablemente, haber sido yo el que degustase esos gusanos, jugosos y gordos como el dedo pulgar de Bud Spencer, que algunos seres humanos consideran delicatessen... Pero en fin. Pienso que viajar es, probablemente, una de las experiencias que más enriquece al ser humano, y creo que si pudiera, pasaría gran parte de mi tiempo viajando y conociendo mundo y gente. Además, de ser posible, saldría de España frecuentemente. No es que rechace las bondades que ofrece nuestra patria, que son muchas y hermosas -y de las que desconozco la mayoría-. Pero desde que me bajé por primera vez de un avión en otro país, he sabido que la sensación -casi adictiva- de estar viendo mundo es completamente diferente cuando estás fuera.

Supongo que la cosa viene de lejos. Mis padres siempre han sido bastante viajeros -aunque principalmente de turismo nacional-. Hemos recorrido la península (por obligación y devoción) de este a oeste y de norte a sur, cuando la nota predominante eran carreteras nacionales y comarcales: modestamente buenas en el mejor de los casos, infernales en el peor. Viajábamos poniendo en riesgo nuestra vida, sin cinturones de seguridad, sin airbag, y con música cassettera de los 60 y los 70 (¡¡¡OH DIOS MÍO!!!). Mi hermano y yo, dormíamos tumbados en el asiento trasero, todo lo largos que éramos -que no era mucho-, de tal modo que cuando mi padre frenaba más de la cuenta, acabábamos encajados en el hueco entre los asientos delanteros y traseros, o sobre los bolsos y maletas que ocasionalmente ocupaban ese hueco. El primer coche que recuerdo (y quizás sea por la fotos) era un Seat 127. Luego vinieron un Renault 18 y un Renault 21, a los que, en un alarde de originalidad, llamábamos "León 1" y "León 2"..., no se muy bien por qué, ya que el león es más de Peugeot...

También viajamos en muchas ocasiones allende los mares, concretamente hasta Melilla -Sol de España en África-, en unos barcos a los que llamaban "canguros" porque solían ir con la panza llena de coches. Y mejor que fueran bien cargados, porque como la bodega fuera medio vacía aquellos cascarones cimbreaban hasta dar con tus hígados en la boca. Los meneos por las corrientes del estrecho eran legendarios y alguno de nosotros llegó a dar con sus huesos en el suelo al caer rodando de las literas en uno de esos zarandeos...

En cualquier caso, lo más extranjero que habíamos pisado era Elvas en Portugal (donde en otros tiempos íbamos a por toallas y sábanas) y el barrio chino en Melilla, que no era más que un suburbio sucio y lleno de tenduchas, donde comprar especias y té moruno a buen precio. Su mayor peculiaridad era que estaba justo al lado de la frontera con Marruecos, por lo que técnicamente no era otro país, aunque a los efectos prácticamente lo era (de hecho casi toda Melilla lo parece hoy día). Lo que todavía nadie me ha explicado es por que lo llamaban "barrio chino", cuando el chino más cercano debía estar en algún Todo a 100 de Málaga...

Los viajes de verdad para mí empezaron el año que Cris y yo nos casamos. Antes de aquello, los estudios y las apreturas económicas (y que éramos bastante pardillos) nos confinaros en esta santa tierra. Y no es que desde entonces hayamos viajado una barbaridad, pero sí lo suficiente como para querer un poco más.

El caso es que aquel año (2004) se abrió la veda. Primero -unos meses antes de la boda- estuvimos por Mallorca y Cataluña (casi el extranjero), y luego, ya casados, aterrizamos en Egipto... Aquella semana fue impresionante, pero como no podía ser de otro modo, estuvo salpicada de anécdotas. La más destacada fue, probablemente, el día que pensamos que un taxista salafista nos había secuestrado. No hablaba nada de español, inglés o francés y nos tuvo tres horas dando vueltas por El Cairo, más perdido que Tarzán en una boutique de Ágata Ruiz de la Prada. Además de no tener ni puñetera idea de cómo llegar al hotel, era miope como un topo, y aun así nos estuvo paseando, por el caótico centro de la capital cairota, sin gafas, de noche y sin luces ¡Con dos cojones!

Nuestro segundo gran viaje fue poco más de un año después. En enero de 2006 nos dio un pronto y nos fuimos unos días a Londres. Este viaje nos aportó nuevas experiencias -casi todas buenas-, ya que lo organizamos por nuestra cuenta (A Egipto fuimos con todo bien mascadito por la agencia de viajes). Además, nos fuimos con mis padres -su primer viaje al extranjero de verdad- lo que le añadió cierto interés morboso por ver que tal se valía mi padre con su inglés de Escuela Oficial de Idiomas. Las primeras horas en Londres, sin embargo, fueron bastante ingratas. Llegamos allí ya anochecido (¡a las cinco de la tarde!). Caía una fina y molesta llovizna y nos encontramos en una parada de bus, frente a la estación Victoria, mirando con cara de panolis los horarios, líneas y trayectos, sin saber muy bien qué demonios estábamos buscando, pues la calle del hotel no aparecía por ninguna parte. Mirábamos nuestro mapa, luego el croquis de los autobuses, luego el mapa otra vez... Y nada. Todavía sin los redaños suficientes para intentar comunicarnos con los lugareños, nos limitamos a dar vueltas erráticas por las que parecían calles aledañas al hotel, esperando encontrarlo, hasta que un buen rato después se obró el milagro. A partir de ahí las cosas mejoraron sustancialmente.

En octubre de 2007 estuvimos en Roma. Otro gran viaje que grabó imborrables imágenes en nuestra retina y alguna que otra batallita. Estábamos en un hotel a un pequeño paseo de la estación de Termini, donde convergen metros, trenes y todas las líneas de autobús. Movernos en bus se nos antojó tremendamente fácil, así que hicimos buen uso del transporte público. Pero el exceso de confianza a veces te juega malas pasadas, así que un día acabamos sentados en un autobús, los dos solos, de noche y a tomar por culo de todas partes, en una parada del extrarradio de la ciudad, esperando durante casi una hora el cambio de turno de los conductores...

El 2008 fue un buen año. En junio estuvimos en Dublín. Por desgracia a nivel de anécdotas fueron dos semanas bastante decepcionantes. Simplemente todo fue perfecto. Fuimos a hacer un curso de inglés y un poco de turismo y volvimos enamorados de la ciudad, de los paisajes y de la gente (estuvimos planteándonos bastante en serio irnos a vivir allí una temporada, pero luego llegó el rescate de la UE y las perspectivas ya no eran tan buenas...). Quizás, por mencionar algo, destacaría el desmedido apego que tenía nuestro anfitrión por el curry picante. Un par de semanas más y la úlcera gástrica habría sido un hecho.

Más tarde, en agosto, fuimos con unos amigos a Lisboa. Cris estaba ya embarazada, así que algunos se las prometieron muy felices pensando que sería un viaje tranquilo y relajado, porque ella no debía hacer sobreesfuerzos. Luego resultó que fue la premamá la que marcó un ritmo un poquito más frenético, acuciada por esa ansia de ver cosas que nos invade cuando viajamos...

Y así hemos llegado hasta nuestros días, días en los que, después de nacer Olga, hemos perdido un poco el compás (cuando empezábamos a coger carrerilla). Hemos viajado bastante por España, sí, pero un hotel familiar en Torremolinos no es la idea que yo tengo de ver mundo. Sin embargo, ya este año hemos hecho un primer ensayo exitoso con nuestro viaje a Aveiro y Oporto, así que la cosa mejorará a buen seguro (siempre y cuando políticos, sistemas financieros y sus santísimas madres nos lo permitan...). Si es que ya lo decían los entrañables payasos, Gaby, Fofo y Miliki: "El viajar es un placer, que nos suele suceder. En el auto de papá, nos iremos a pasear..." (y no sigo que me animo...)

jueves, 5 de enero de 2012

Carta a los Reyes Magos

Estimadas Majestades Orientales:

Hipotéticamente, esta noche vuecencias deben pasar por mi humilde morada. Se que es un poco tarde para mandarles la carta puesto que deben estar ya de camino; pero confío en que, con esto de la Internet y las nuevas tecnologías, tengan alguna APP en sus iphones, que les actualice los pedidos en tiempo real.

No he sido un mal tipo este año. Un poco cabroncete y cínico por momentos, pero creo que nada grave. Comprenderán sus ilustrísimas que, tal y como está el percal, sea normal que de vez en cuando se le vaya a uno la pinza. Pero en general, he hecho mis deberes, he respetado y cuidado a los míos y a los ajenos y sigo preocupado (por infructuoso que resulte) por el medio ambiente. Y desde luego no he robado, ni matado, ni mutilado (aunque a veces oscuros deseos hayan nublado mi juicio). De hecho, este año que acabó, ni siquiera he descargado un solo contenido con derechos de autor de la red (qué sí, que es verdad...).

Es por eso que creo que deberían atender mi carta. Y no se preocupen sus dignísimas majestades, no tendrán que hacer paradas de emergencia en Toys'R'Us o en Media Markt, porque no quiero cosas materiales. A continuación les detallo mis modestas pretensiones:

1) Lo primero y más importante: quiero un kit upgrade para parchear los bugs del sistema inmune de mi hija. Saben -porque sus reverendísimas lo saben todo- que los últimos tres años han sido muy duros en este sentido. No digo yo que su único punto débil vaya a ser la Kriptonita, pero una pequeña ayuda estaría de lujo, a fin de que su madre y yo no envejeciéramos cinco años con cada faringitis de la niña.

2) Si es posible, y les quedan existencias, me gustaría recibir una caja de "Virgencita que me quede como estoy". La situación actual está muy lejos de ser la mejor posible, pero entiendo que actualmente mis condiciones laborales son envidiables para cinco millones de españoles parados -y para otros tantos que, si bien trabajan, están bastante más jodidos (uy, perdón por el taco...).

3) Como lo que menos quisiera ahora es quedarme sin trabajo (a menos que decidieran sus preciosísimas magnificencias obsequiarme con un boleto ganador de los Euromillones, en cuyo caso cedería mi puesto gustoso), sí quisiera pedirles que traigan un par de bolsas de "cordura y buenas prácticas" al lugar donde trabajo. Llevo un año (más) haciendo minería de datos, ingeniería inversa, innecesarias e infernales tareas de explotación y chapuzas varias, en una base de datos desproporcionada, redundante y descontrolada. Si las cosas se hubieran hecho de otro modo, este proyecto podría haber sido un lugar agradable donde trabajar. Tampoco estaría de más el afamado curso a nivel mundial: "Cómo decir NO SE PUEDE HACER, en diez cómodas lecciones". Nos habríamos ahorrado mogollón de problemas si se lo hubieran traído a algunas personas hace unos pocos años.

4) Y ya para terminar -pues no me gustaría abusar de vuestra magnánima magnanimidad- quisiera pedir para mis amigos políticos, empresarios, banqueros, sindicalistas y demás colegas de cierta influencia económica, política y social, unos cuantos botes de "juicio y sentido común". Y si por vuestra magnífica providencia vierais que no les ilusiona tal presente, me conformo con que le dejéis caer a cada uno un buen pedazo de carbón en la puta cabeza (uy, perdón otra vez).

No son demasiadas cosas -aunque sí algo complicadas, sobre todo la última-. Pero sigo confiando ampliamente en el ilimitado poder de sus tres regias majestades... Aunque francamente espero que se les den mejor los regalos etéreos que los materiales, porque todavía estoy esperando el Fort Randall de los Playmobil...

Afectuosamente
SUP3IA

martes, 3 de enero de 2012

El año termina y comienza de cojones...

La verdad es que en casa ya deberíamos estar acostumbrados. Desde hace ya unos cuantos años, aguardamos las fechas navideñas con cierta desazón. Haciendo un rápido repaso puedo recordar que perdíamos a mi abuela Visi el día 31 de diciembre de 2007. El día 25 de diciembre de 2008 mi madre ingresaba de urgencias con una apendicitis y pasaba por quirófano por enésima vez en su vida. En diciembre de 2009, el día 22, no nos tocaba en la lotería ni un puñetero céntimo, eso sí, se iba mi otra abuela, Vicenta. En Nochevieja de 2010, justo después de las uvas, mi padre, que estaba bastante fastidiado con una bronquitis, se fisura una costilla con un brutal ataque de tos, y acabamos la noche en urgencias. Y finalmente, el 2011 lo hemos despedido llamando al 112 por un nuevo episodio de convulsiones febriles de la niña, el día 31 por la mañana. Así que hoy estoy de un humor de la leche. Casi mejor que ya haya pasado diciembre. En casa estamos pensando en borrarlo del calendario para ver si así nos escapamos. Y encima, por si fuera poco, los cabrones de los Mayas van y dicen que se nos acaba el tinglado el próximo día 21 de diciembre. Así que parece que este año tampoco acabará mucho mejor.

Por razones un poco menos dramáticas (al menos para mí), tampoco es que este bisiesto haya empezado de lujo. De momento, comienzo el año con mi sueldo congelado -y previamente reducido-. Además, el aumento de la jornada laboral está al caer; y las perspectivas de carga de trabajo no son nada alentadoras a tenor de la ausencia de, aproximadamente, un 40% de compañeros que han sido despedidos o reubicados. Por si fuera poco, pagaremos uno poquito más en impuestos, de momento IRPF e IBI, de momento... Pero es que tenemos que ser jodidamente solidarios porque nos hemos creído muy ricos y eso no puede ser...

Así que me perdonaréis que este años no os haya mandado mensajitos por móvil, correo electrónico o Facebook. Yo os quiero igual que siempre, pero es que no me sale. Estoy deseando que pasen estas fechas para quitar de en medio el Belén y el puto arbolito, y poder seguir con mi vida normal, con sus días buenos y sus días malos, pero sin la hipocresía y los buenos sentimientos enlatados de todo el mundo en general y de la mierda de la tele en particular.