lunes, 4 de julio de 2016

El SUP3IA ya es un cuarentón

Finalmente ha llegado; ya está aquí la crisis de los cuarenta... Hoy 4 de julio de 2016 he pasado, con más pena que gloria, de "ñero" a "tón", o como me gusta decir a mí, he cambiado de prefijo...

¿Por qué más pena que gloria?, bueno, por algún extraño error de cálculo (o porque soy tonto del ciruelo) resulta que después de una semana de vacaciones me he incorporado al trabajo precisamente en tan señalado y dramático día. Así que me he pasado la mañana de mi 40 cumpleaños mirando la pantalla de un ordenador y lidiando con consultas en SQL mientras se precipita sobre mi la angustiosa certeza de la senectud... Vale, vale, no es para tanto, pero tendréis que reconocer que no es la mejor manera de celebrar un cumpleaños: levantarse a las 6 de la mañana, tomarse un café recalentado, salir zumbando para Mordor y pasar siete horas y media sentado en una sala mal ventilada -y de aromas cuanto menos reprobables-, frente a un monitor...

Nunca me ha afectado en exceso el hecho de cumplir años. Todos esos quebraderos de cabeza que dicen que llegan con la cuarentena, como cuestionarse el sentido de la existencia, replantearse la trayectoria personal y profesional, preocuparse por los abdominales (o la ausencia de ellos)... etc, son cuestiones que llevan revoloteando por mi vida desde hace más de una década, así que no me afectan más que antes de cumplir las cuatro décadas. Por lo demás -en las cuestiones más banales- creo que la crisis de los 40 está sobrevalorada. Más bien me parece un pretexto para justificar las cosas que algunos llevan queriendo hacer desde los 20: aprender a tocar la guitarra, comprarse una moto, tirarse en paracaídas o incluso echar un polvete extramarital con una desconocida... Parece que si dices que es por la crisis de los 40 la gente se muestra más permisiva...

Sin embargo hay que reconocer que la culpa no es sólo de los hombres maduritos a los que los años nos caen encima de improviso. A poco que veamos un rato la tele "sabremos" que después de los 40 el colesterol ya no lo paras sólo con dieta equilibrada y ejercicio, tus erecciones ya no son tan vigorosas y duraderas, los abdominales desaparecen para siempre, y tu corazón, tu colon y tu prostata se convierten de la noche a la mañana en tus peores enemigos... Que no digo yo que no, que es verdad que hay que cuidarse y no tomar los temas de salud a broma, pero parece que si al día siguiente de cumplir los 40 tacos no sales echando leches a hacerte un reconocimiento médico, electro y colonoscopia incluidos, estás perdido...

Luego están esas fiestas. Tu familia o tus amigos te organizan un fiestón a lo bestia, consiguen reunir a cien personas (algunas de las cuales no veías desde hacía quince años), mucho alcohol, comida, regalos caros y un vídeo con musiquita nostálgica... Lo respeto mucho, pero he vivido alguna y le pedí a mi mujer que por favor no me preparara nada parecido; no por nada, es que no me gusta ser el centro de atención hasta esos extremos y claro, también soy un tipo un poco asocial. Además difícilmente consigo quedar de vez en cuando con un par de amigos a cenar, así que si cien personas hicieran el esfuerzo de reunirse en mi honor para agasajarme me daría mal rollo, como si dijeran "pobre, vamos a hacer algo que merezca la pena antes de que se vaya al hoyo"... Ojo, no me malinterpretéis, siempre me ha gustado reunirme con mi familia y amigos en mi cumpleaños; comer, beber y poner música; pero en los últimos años la cosa ha ido bastante en declive, así que prefiero evitar artificios porque este año sean 40, y no 39 o 41...

Otra, no menos culpable, es la sintaxis. El cambio de treintañero a cuarentón es una auténtica putada sintáctica -además de fonética-. Sólo hay que escuchar como suena cada palabra. Treintañero suena juvenil, musical, vigoroso... Cuarentón es como... "estás perdido chaval, y te digo lo de chaval por hacertelo más llevadero"... ¿Cuál sería el problema de usar cuarentañero? no veo que suene mal, ni resulta impronunciable, el sufijo le va igual de bien a treinta que a cuarenta. He buscado cuarentañero en la RAE, no existe. Y si buscas un sinónimo más amable para cuarentón te aparece cuadragenario... No sé que es peor, con ese adjetivo sólo puedo imaginarme dentro de la vitrina de un museo, entre un homo erectus y un homo antecessor...

En fin, que cuarenta años no son nada, sobre todo cuando uno está tan lozano como el que suscribe. Además no falta quien me suba el ánimo, hoy mi peque me ha dicho que parezco muchísimo más joven, "como de 38 o 39..."; así que de crisis nada..., al menos no más de lo habitual.

sábado, 2 de julio de 2016

Granada

Acabamos de agotar nuestra primera semana de vacaciones veraniegas. Ha sido un periodo lamentablemente efímero que hemos aprovechado, sólo en parte, con una breve escapada a otra preciosa ciudad andaluza: Granada.

Aprovechando la oferta de una amiga que nos ha ofrecido su casa estuvimos en la capital nazarí desde el viernes 24 al lunes 27, aunque los días de máximo aprovechamiento han sido el sábado y el domingo, ya que el viernes llegamos algo tarde y sólo tuvimos tiempo de soltar el equipaje y pegarnos un pequeño homenaje de cervezas con sus generosas tapas, y el lunes salimos bastante temprano de Granada porque queríamos bajar a la playa antes de emprender el viaje de vuelta a casa.

El sábado fue un día caluroso, pero pudimos patear bastante por la ciudad. Como íbamos con la peque cogimos los tickets para el día completo en un tren turístico. Éste tenía numerosas paradas por los lugares más emblemáticos de la ciudad, pasaba frecuentemente y podíamos subir y bajar tantas veces como quisiéramos; así que pudimos recorrer todos los lugares de interés, pero ahorrándonos la penitencia del considerable calor y las calles escarpadas.

Debido al caracter algo improvisado de este viaje, ni siquiera teníamos entradas para La Alhambra; y puesto que en las ventas online y telefónica estaban agotadas desde hacía por lo menos un mes, mis esperanzas de ver el monumento estaban puestas en que por las mañanas, antes de la apertura, siempre se pone a la venta un número límitado de tickets en taquilla. El problema era que había que estar allí antes de las 7am si quería tener alguna oportunidad, así que no las tenía todas conmigo... Sin embargo, en la oficina de turismo, una señorita muy amable nos dijo que estuvieramos atentos esa tarde a la web de Ticket Master, porque en ocasiones sacaban a la venta un lote de entradas que se agotaban enseguida. Cris se tomo la recomendación muy en serio, y después de comer empezó a comprobar la web cada quince minutos; y he ahí que a media tarde, mientras caminábamos junto al río Darro por el Paseo de los Tristes, pudimos comprar nuestros pases para el segundo monumento más visitado de Europa.

El domingo hizo bastante calor, aunque no tanto como para hacer mella en nuestro ánimo, así que pasamos un día muy agradable en La Alhambra. No había demasiada gente y pudimos disfrutar con tranquilidad y sin aglomeraciones prácticamente de todo el complejo palatino andalusí: los Palacios Nazaríes, la Alcazaba, el Generalife, los jardines, las magníficas vistas...

Por la noche nuestra amiga nos llevó a cenar a un restaurante-cervecería, el Bajo de Guía, donde repusimos nuestros electrolitos a golpe de birra, tomamos unas tapas espectaculares (especial mención merece una tapa de atún rojo, que hubiera pasado por una ración de las caras en muchos sitios...) y disfrutamos de la mejor fritura de pescado que yo recuerdo...

El lunes por la mañana nos despedimos de Granada capital, pero permanecimos un poco más en la provincia, pues bajamos a un pequeño pueblo en la costa, La Herradura, donde comimos a pie de playa y nos refrescamos en unas aguas cristalinas. Con esto dimos por terminada la breve escapada, ahora sólo quedaba una pequeña paliza de coche -de cinco horas y pico- para volver a casa.

sábado, 4 de junio de 2016

Sevilla

A las puertas del verano de 2016 nos ha parecido una buena idea despedir el mes de mayo con una pequeña escapada. Lo cierto es que es algo que llevamos preparando desde hace un par de meses (al contrario que cualquier otra plan para próximas fechas estivales...). El pasado fin de semana (último de mayo) hemos estado en Sevilla con algunos de nuestros habituales compañeros de viaje y sus hijos.

El viernes, por la mañana temprano, salimos camino de la capital hispalense. Cerca del mediodía llegábamos a la Cartuja, donde habíamos decidido pasar el día en Isla Mágica. No nos andamos con tonterías y fuimos directamente al parque de atracciones..., ya iríamos al hotel cuando estuviéramos derrotados al final de la jornada...

Pasamos un día magnífico con los peques, y si bien Isla Mágica no es un parque de atracciones de los más grandes, hay que decir en su favor que está bien acondicionado y la oferta de entretenimiento para los pequeños (al menos con las edades de los nuestros) es amplia. Los niños pudieron montarse en todo lo que quisieron, y aunque en algunas atracciones debían ir acompañados, en otras iban y venían con total autonomía. Si a eso le sumamos que no había demasiada gente y que las colas eran más bien escasas, el resultado es que en algunos cacharros repitieron una docena de veces, mientras los adultos comíamos o tomábamos un café relativamente tranquilos.

No fue hasta última hora de la tarde cuando nos fuimos en busca de nuestro hotel, el céntrico y agradable Novotel Marqués de Nervión. Ya en nuestro alojamiento, nos pegamos una ducha reparadora y cenamos en un restaurante cercano: El Aguador. Después de unas ricas viandas nos arrastramos como pudimos hasta nuestras camas para poder morir hasta la mañana siguiente.

El sábado nos levantamos sin prisas y desayunamos relajadamente en el hotel. El día había amanecido lluvioso, y poco después de salir a la calle tuvimos que refugiarnos en una cafetería, donde aguantamos estoicamente un par de chaparrones. Cuando el tiempo mejoró -sólo durante un rato- cogimos el metro y nos fuimos a disfrutar del centro sevillano. Hacía la hora de comer la lluvia volvió a ser notable; afortunadamente (casi de milagro diría yo...) conseguimos mesa en un restaurante que nos habían recomendado, el Pintón, así que hicimos un pausado y agradable avituallamiento.

Por la tarde, habíamos prometido a los niños montar en coche de caballos, así que después de un pequeño paseo alquilamos un par de calesas y disfrutamos de un agradable circuito por Sevilla a la manera más tradicional. Después de los coches de caballos todavía pateamos un buen rato las calles de la ciudad; pero al final, después de unas cuantas carreras, juegos y saltos por la magnífica Plaza de España, los peques llegaron a su límite y volvimos a las inmediaciones del hotel, donde después de cenar algo en una tapería cercana, nos tomamos nuestro merecido descanso nocturno.

El domingo amaneció apacible y despejado, y como no teníamos que dejar el hotel hasta por la tarde, desayunamos tranquilamente para luego volver al centro en metro. Dimos un largo paseo por la rivera del Guadalquivir y finalmente cruzamos el río hacia el barrio de Triana.

Comimos temprano (para evitar las aglomeraciones) en un pequeño restaurante "de los de toda la vida", Las Golondrinas. Tras otro buen paseo, cruzamos el río de vuelta; y después de cafés y helados junto al metro de Puerta de Jerez, volvimos al hotel a por nuestros equipajes y coches, y emprendimos el viaje de vuelta a Cáceres.

Siempre que hemos estado en Sevilla ha sido de paso (la estancia en la Expo hace... ¡ARG!¡Hace casi 24 años!... no cuenta...). Tengo que reconocer que siempre me ha dado un poco de pereza, pero después de la breve y agradable escapada he de decir que he sido muy injusto con esta joya andaluza.

lunes, 25 de abril de 2016

San Jorge 2016

El pasado fin de semana tuvo lugar la celebración de la festividad de San Jorge, patrón de la ciudad de Cáceres, y este año hemos estado muy implicados con el evento. La razón ha sido que el colegio de Olga ha tenido una participación bastante destacada. Nuestro centro ha sido uno de los nueve o diez colegios que han desfilado este año en la comitiva del "santo matadragones", y hemos sido uno de los pocos que han hecho su propio dragón para la ocasión... Está feo que yo lo diga, pero hemos llevado un "dragonaco" que a poco ha estado de hacer sombra al del Ayuntamiento (y por muchísimo menos dinero...). El diseñador y artífice del proyecto ha sido uno de los padres, profesor de arte para más señas, que ha conseguido implicar e ilusionar a un razonable grupo de progenitores, niños y niñas. El resultado ha sido un nutrido elenco de moros y cristianos de todas las edades con disfraces de confección propia, y un temible dragón negro zaino de casi nueve metros de largo y tres de altura...

Durante unas dos semanas hemos estado yendo al colegio por las tardes para colaborar, en los ratos que podíamos, en la confección de trajes y en la construcción del dragón. Kilos de madera, poliestireno y mejunje "Art Attack" que han dado lugar a una resultona bestia mitológica de la que nos sentimos orgullosos...


El día del desfile -viernes 22- nos unimos a los demás colegios y sus minúsculos dragones en el pabellón polideportivo de Moctezuma. Allí se reunieron más de 1.200 personas disfrazadas -más los incontables acompañantes y curiosos-. El dragón del Ayuntamiento también estaba allí, sólo un poco más grande que el nuestro y demasiado colorista y "fallero" para mi gusto, pero bastante bonito. Por allí también estaba, cabalgando entre la multitud sobre su brioso caballo blanco, un San Jorge al que eufemísticamente podríamos denominar entradito en carnes, y al que algún asistente quiso recomendarle que dejara de comerse los dragones después de matarlos...

De nuestra familia sólo la peque iba disfrazada. Yo me resistí durante días a hacerme un disfraz, no va mucho conmigo los de ir llamando la atención, me puede el sentido del ridículo. Sin embargo a última hora me convencieron para colocarme un peto rojo con un dragón negro a la espalda, con la excusa de ir más pendiente de la niña y de paso poder hacer fotos. Así que al final me hice el pasacalles entero con mi peto rojo, habilitado como reportero gráfico y cuidador de unas mini-tropas cristianas que iban un tanto desmandadas...

El desfile estuvo muy bien y los enanos disfrutaron como... bueno, como enanos. Si embargo en estas cosas siempre hay "peros"... En primer lugar, aunque se nos convocó a las 7 en el lugar de comienzo de la procesión, estuvimos allí parados más de dos horas con cientos de niños pequeños, aburridos, cansados o hambientos... ¿Habéis aguantado alguna vez a un crío aburrido, cansado o hambriento?... ¡Pues cientos!...

Cuando estábamos llegando a la Plaza Mayor separaron a todos los dragones del desfile menos al del Ayuntamiento ¿?, mientras toda la gente disfrazada seguía hacia la plaza... ¿De verdad hubiera sido tan complicado dejar que los niños disfrutaran de sus dragones hasta el final de la fiesta? Eran dos dragoncitos de nada... bueno, y el nuestro claro...

Y sin duda lo peor fue la llegada a la Plaza Mayor. El público (no se cuanta gente había allí... miles supongo...) estaba apiñado detrás de unas vallas metálicas. La gente que iba en la comitiva de San Jorge entró en la enorme zona despejada para la quema del dragón, pero luego la policía empezó a empujarnos y a amontonarnos al fondo de la plaza. Montones de niños muy cansados (después de más de dos horas de desfile) habían empezado a sentarse, apiñados, en el suelo y en las escaleras de la plaza, y se llevaron más de un pisotón. Varios adultos inconscientes (por no decir imbéciles) se habían puesto a fumar en medio de esa muchedumbre de críos vestidos con telas facilmente inflamables, paseando sus cigarros sin ningún pudor cerca de las caras de los pequeños... En fin, una locura de gente y de organización.

Después de un par de empujones y algún que otro pisotón a Olga le entró el agobio y a mi la mala leche, así que cogí a la niña e intenté salir de allí. Eso fue otra movida, porque en todo el perímetro de la valla no había forma de encontrar un sitio por donde salir. Al final abrí el cerco a los pies de la Torre de Bujaco y escapamos de allí circundando la plaza por los soportales.

Cuando piensas en estas cosas con la cabeza un poco más fría no puedes evitar imaginar (al menos yo no puedo) que a algún colgado salafista se le crucen los cables ante tamaña ofensa (a fin de cuentas estamos celebrando la Reconquista) y te la acabe liando en medio de una masificación como esa... Cáceres es una ciudad tranquila en la que nunca pasa nada... hasta que pasa.

En fin recapitulando: un diez para los colegios participantes en la fiesta del patrón de su ciudad y un cero pelotero para la organización del Ayuntamiento.

miércoles, 2 de marzo de 2016

El SUP3IA viaja con niños. El método H.E.R.O.D.E.S.

Ya lo he dicho otras veces, viajar es una de las experiencias más edificantes. Reservar un vuelo de última hora, coger una habitación cutre en cualquier hotelucho, meter cuatro cosas en un bolso y salir zumbando... ¡OLVIDALO! ¿Quién te crees que eres? ¿El adolescente alocado, protagonista de un Road Trip? Nooo, tú tienes una criaturica, un pequeño y adorable apéndice que no puedes -o no quieres- dejar con los abuelos... Tú quieres ¡Viajar con niños!...

Intentar dar consejos sobre cómo viajar con niños pequeños es un poco aventurado. Más allá de las pautas mil veces repetidas: llévales entretenimiento, ten comida a mano, bla bla bla..., los niños son pura entropía. Conozco a quien que se cruza el Atlántico con bebés casi sin despeinarse y quien no puede doblar la esquina de su calle sin que el nene eche la raba seis veces. Hay niños que se entretienen con cualquier cosa y no dan un ruido y niños a los que tirarías desde el avión a la quincuagésima vez que manifiestan su aburrimiento de forma exasperante. Algunos pequeños son fáciles de llevar porque saben mantener un mínimo de compostura y otros sonrojan a sus padres sistemáticamente en cada sitio que pisan... No es que tenga una experiencia muy holgada, pero desde aquel "SUP3IA por el mundo" he adquirido un poquito de rodaje en esto de moverse con peques. Todavía estamos algo lejos de las epopeyas de algunas familias que conocemos -más numerosas que la nuestra-, pero mi experincia personal me ha permitido desarrollar un método innovador: El Método H.E.R.O.D.E.S., para que nuestras vacaciones en familia no se conviertan en una nueva matanza de los inocentes... *BA DUM TSS*

H de HUMOR

No hay otro modo de afrontar un viaje con niños. La cosa cambia tanto con respecto a cuando viajamos en pareja o con amigos que si no nos tomamos las situaciones con sentido del humor vamos a estar encabronados todo el tiempo. Hay que asumir que no vamos a poder llegar a todo, nos vamos a dejar muchas cosas en el tintero y vamos a perdernos rincones y experiencias disfrutables sólo por adultos. Ya puedes olvidarte de los momentos más glamurosos, cuando estés admirando alguna maravilla arquitectónica u observando un fresco con lágrimas en los ojos, el pequeño va a querer hacer caca, va a vomitar o va a decir alguna barbaridad; así que sonríe, discúlpate y desaparece discretamente. 

E de EQUIPAJE

Uno de los mayores hándicaps de viajar con los peques suele ser que consideramos sus necesidades de equipaje inversamente proporcionales a su tamaño. Creo que en esto los padres pecamos un poco por exceso. Cuando viajamos con nuestro coche suele bastar con apretar un poco más las cosas en el maletero, pero cuando viajas en avión la cosa se nos complica. A mi personalmente facturar equipaje me parece un coñazo: las esperas, el pesaje de las maletas, los frecuentes desperfectos y pérdidas... ¡Uf! Menuda pereza..., y si vas con críos ya ni te cuento. Desde bien pronto (prácticamente desde que pises y cacas dejaron de ser un problema por los frecuentes cambios) nosotros intentamos viajar con equipaje de mano (aunque no siempre lo logramos). Nuestras estancias no suelen ser de más de una semana y con una buena organización no tiene porque ser necesario llevar dos maletones. Los bolsos y maletas de mano deberían ser más que suficientes, y si no que se lo digan a nuestros abuelos que llevaban en sus hatillos todas sus pertenencias. Puede ser que te veas en la tesitura de tener que comprar una sillita para el crío por sobreestimar su capacidad de aguantar caminatas -nos paso en Bruselas- pero es un mal menor si lo comparas con la satisfacción de viajar ligero de equipaje... Tratar de cargar con todo lo que podrías, tal vez, quizás necesitar es lo peor de lo peor. Por lo demás la cuestión se reduce a convencerse de que viajas a un lugar civilizado y con supermercados (y obviamente hacerlo... Por mucho que te interese la cultura mesopotámica por ahora Siria no nos vale...). Cuanto antes asumas que posiblemente nunca serás padre/madre del año, antes aceptarás que el niño vaya un poco guarrete con los pantalones rozados del día anterior, o incluso que la criatura desprenda un ligero tufillo a humanidad por usar una camiseta del día antes (esto es aplicable a uno mismo con tal de ahorrar en equipaje..., aunque mejor no abusar)... Total ¿a caso vas a volver a cruzarte con esa señora con pinta de urraca que arrugó la nariz cuando pasásteis a su lado?... Pues eso, mejor adoptar un sano "Me la pela"...

R de RITMO

El ritmo del viaje es absolutamente crítico, y ese ritmo es el de tu pequeño. Aquí hay mucho que decir, porque hay niños que tienen más aguante en las caminatas o que poseen la paciencia y la curiosidad necesarias para soportar la visita a ciertos museos..., para ser niños claro. Pero no olvidemos que estas capacidades no son equiparables a las de un adulto. Así que resignate: al final casi siempre acabarás siendo prisionero de los circuitos convencionales por montar en los dichosos autobuses turísticos y el tiempo que pases en el museo siempre te parecerá insuficiente..., pero amigo, eso es lo que toca. Y hablando de ritmos..., por favor lleva siempre toallitas en una mochila, y asume que vas a tener que parar cada hora a comprar una botella de agua que no necesitas o a tomarte un café que no quieres, para que la criatura haga sus cositas en el baño de algún bar o restaurante. Tampoco olvides llevar suficientes snacks y fruta en esa mochila, es la única forma de flexibilizar un poco los horarios de las comidas; créeme, lo último que quieres es a un pequeño gremlin hambriento colgado de tu brazo... Y por cierto, no sufras demasiado si durante las vacaciones el nene come poco o si sólo ingiere porquerías procesadas, afortunadamente un crío sano no va a padecer desnutrición en una semana.

O de OCIO

Esta parte es difícil, porque posiblemente aquí es donde más influye la capacidad de entretenerse de los niños. Olga disfrutó mucho el museo de Historia Natural de Londres con solo cinco años, y si llevamos una libreta y colores podemos pasar tranquilamente dos horas comiendo en un restaurante sin que la niña de un ruido. Llevar la Nintendo DS o la tablet también ayuda en los momentos más críticos... Pero no todos los críos son tan fáciles, de hecho algunos son absolutamente insufribles, los aguantas porque son tus hijos y con el tiempo se les coge cariño... Ya que has decido llevarlos contigo -en lugar de dejarlos con los abuelos- toca aceptar esto: no puedes diseñar el viaje para tí. En el mejor de los casos, si mantienes vivo a tu niño interior, te será más fácil disfrutar de un viaje con tus hijos pequeños, pero de cualquier forma el 80% del ocio del viaje debe estar orientado a ellos: columpios, parques de atracciones, zoos y jugueterías son buenas bazas a tener siempre en cuenta; y cuando toquen museos o arquitectura llévate preparada una buena historia sobre el lugar o las cosas que vayáis a ver. También puedes organizar pequeñas gymkanas para que ellos busquen e identifiquen las cosas que estáis viendo, si el niño tiene un mínimo de curiosidad (y no está cansado o hambriento) disfrutará..., y si no infórmate sobre las medidas de protección de la infancia del país que estás visitando, para ver si es muy grave dejarlos encadenados al radiador en la habitación del hotel...

D de DESCANSO

No suele ser habitual que los niños pequeños sean grandes trasnochadores. Adaptarse a los horarios más relajados de las vacaciones les suele suponer más esfuerzo que a los adultos. Además muchos tienen la mala costumbre de levantarse bastante temprano sea cual sea la hora a la que se acuesten, así que es mejor no pasarse con la hora de recogida si queremos mantenernos en nuestro sano juicio hasta el final del viaje. Los niños necesitan dormir muchas horas así que hay que intentar que las duerman; un peque con sueño es otra de esas cosas que queremos evitar. Si queremos que nuestro viaje sea una grata experiencia en familia, será mejor no llegar muy tarde al hotel. Las largas cenas hasta la media noche y las copas de madrugada molan bastante, pero deberíamos dejarlas de momento si queremos que el día siguiente sea mínimamente aprovechable. Volvemos a lo de perderse cosas interesantes: la vida nocturna es uno de los atractivos de muchos viajes, es una mierda, lo sé, pero cuanto antes lo asumas mejor será para todos. Además piensa que al levantarte temprano podrás disfrutar a tope del bufé de desayuno antes de que ningún guiri haya tocado un solo panecillo...

E de EXPECTATIVAS

Como ya vamos asimilando que nos vamos a perder algunas cosas y que tendremos se soportar otras que no nos apetezcan demasiado, estamos preparados para el siguiente punto: mantener unas expectativas realistas sobre el viaje; esto nos ayudará a apreciarlo mucho más. El hecho es que los niños son unos cracks en lo de disfrutar de las cosas más sencillas (a los mayores nos cuesta). Olga a penas menciona nada de la Catedral de Florencia o de la Torre de Pisa; sin embargo tiene muy presentes los helados, las pizzas y la pasta que disfrutó en Italia, o incluso el gran agujero que hizo en la playa con sus amigos. Lo mismo le da el país en el que estuviera esa playa o que sus aguas fueran las del mar Tirreno. Hay que saber disfrutar de las pequeñas satisfacciones de nuestros hijos; y en las cosas más serias casi siempre es posible cambiar un poco el enfoque para adaptarlo a su visión: "Mira cariño, el David de Miguel Ángel es una de las obras más importantes del renacimiento, su pose, la mirada desafiante, la calma tensa de sus músculos..."
"Papá, se le ve el pene..."
"Sí hija, se le ve el pene..., pero así y todo el tío le pegó una pedrada a un gigante malo en toda frente..."
"¡HALAAA...!"

S de SALUD

Como último punto de nuestro método -pero no el menos importante- está la salud. Cuando estamos de vacaciones (y sobre todo si estamos fuera de España) un problema de salud de los peques puede dar al traste con toda la experiencia. Por eso durante unos cuantos años -cuando son más pequeños- es conveniente buscar destinos amigables con los niños (Siria sigue sin valer...). Yo personalmente hasta ahora me he decantado por España y por Europa, sobre todo por comodidad. En general la sanidad española funciona bien (sobre todo cuando se trata de niños), y la tarjeta europea te puede sacar de un apuro en un montón de países. Nosotros tenemos la suerte de tener una niña con la que es relativamente fácil viajar. Puede dormirse largas siestas o estar diez horas hablando sin parar, pero afortunadamente no se pone muy cansina, se entretiene con facilidad y no se marea... Sin embargo, durante sus primeros años, ir a un hotel que no tuviera cerca un centro de salud no era una opción; tenía la mala costumbre de enfermar en las vacaciones -fiebres altísimas- o en su defecto se esmorraba desde lo alto de las camas con una facilidad pasmosa...

Con problemas de salud y todo, lo cierto es que empezamos a viajar con ella bastante pronto (entiéndase "viajar" como ir por ahí de vacaciones, no ir a casa de los abuelos...). A sus seis años ya ha estado en casi todas las Comunidades Autónomas españolas y ha pisado otros cuatro países. Le encanta "vivir" fuera de casa, en hoteles, apartamentos, casas rurales..., y se adapta bastante bien a cambios de horario, comidas y gente. Así que viajar con nuestra hija es bastante satisfactorio. Las cosas han cambiado sustancialmente con respecto a aquellos otros viajes como pareja, pero cada viaje con la peque nos ha reportado grandes experiencias. Hay muchos destinos por España y por Europa que son, como dicen ahora, Child Friendly, donde es posible organizar planes atractivos para niños con un mínimo de curiosidad y de los que los padres también podemos disfrutar. En cualquier caso la niña crecerá y nuestros viajes serán cada vez más para personas adultas; luego, algún día, ya no querrá viajar con nosotros, cosa que probablemente nos dejará hechos polvo, pero entonces podremos volver a movernos en plan pareja (esperemos que antes del IMSERSO...).

sábado, 16 de enero de 2016

Una vieja afición...

Llevo un tiempo intentando retomar una vieja afición. Me he dado cuenta de que en los momentos en que tengo un lápiz o un bolígrafo en mis manos se esfuman temporalmente preocupaciones y quebraderos de cabeza. Mis cuadernos de notas del trabajo están llenos de bocetos y monigotes (como tiempo atrás, en mi época de estudiante, solía hacer en clase). Lo que pasa es que eso no me parece suficiente y quiero volver a dibujar un poco más en serio... Además me he propuesto aprender algunos trucos de herramientas como Photoshop que pueda aplicar a mis dibujos, técnicas de coloreado y cosas por el estilo. 

La idea para estas viñetas surgió una de esas mañanas interminables que a veces sufrimos en el trabajo. Estaba charlando con un par de compañeros de cosas banales (sí, pelis de superhéroes ¿Qué pasa?) y me propuse dibujar una de nuestras elucubraciones febriles de forma un poco más elaborada... Este es el humilde resultado. ¡Va por vosotros chavales! 


domingo, 10 de enero de 2016

Enero de 2016

Otra vez vuelvo a estar a un paso de los seis meses sin publicar nada... Hoy, día 10 de enero, hace exactamente cinco años que empecé con una nueva aventura bloguera. Con ésta hacen un total de 137 entradas; debería arrojar un promedio de algo más de 27 entradas anuales, pero lo cierto es que el número de artículos ha ido menguando año a año como mi ánimo por seguir escribiendo. En los últimos tiempos el blog se ha convertido en una mera sucesión de acontecimientos personales que en realidad no interesan a mucha gente. Antes encontraba la chispa para escribir algo personal, de nula trascendencia pero gracioso. Me gustaba empantanarme y opinar sobre determinados temas de actualidad y enzarzarme en debates (hasta cierto punto estériles) con mis escasos (y casi todos amigos) lectores... Con la que tenemos liada en el panorama nacional e internacional y yo no soy capaz de escribir nada digno de mi habitual ingenio y mordacidad... ¿¡Qué demonios me está pasando!? 

Bueno, la respuesta a esa última pregunta la conozco (más o menos): tengo otras guerras abiertas. Por ejemplo, desde hace algunos años suelo dedicar bastante tiempo a clasificar y organizar nuestras fotos familiares. Como soy una persona bastante meticulosa (y obsesiva por momentos) esto supone un considerable trabajo. Cuando las cámaras digitales llegaron a nuestras vidas la tarea de revisar y clasificar cientos fotos se tornó ardua; desde la aparición de los móviles y sus decentes cámaras la cosa se ha convertido en un puñetero infierno... Aquí se alinean un par de factores que merman considerablemente mi tiempo libre disponible: Primero, paradójicamente, como informático, no confío demasiado en esta era digital. Me resisto a tener todos mis recuerdos almacenados en forma de 0's y 1's, por mucho que los tenga quintuplicados en diferentes soportes. El hecho es que se me han jodido más CDs, DVDs y HDs que libros, y me gustaría dejar a mi hija un legado tangible de lo que fuimos. Así pues, tras ordenar y clasificar (y borrar alguna que otra aberración fotográfica), desde hace ya bastante tiempo maqueto uno o más libros -convenientemente comentados- con cientos de instantáneas sobre nuestras vivencias cada año. Segundo, la realización de estos libros tiene un efecto colateral: ni yo soy un buen fotógrafo ni las cámaras de los móviles son suficientemente buenas, así que un buen número de las fotos preseleccionadas para formar parte del imaginario familiar todavía necesitan algunos ajustes en Photoshop, con el tiempo adicional que ello supone...

Otra de las razones por las que sup3ia está bastante parado es que no es el único sitio donde escribo. A veces publico alguna entrada (también menos de lo que quisiera) en otro blog que puse en marcha con algunos compañeros del gremio, ALT+F13, más orientado a nuestra profesión. Además tengo otro proyecto secreto en forma de blog que mantengo un poco más al día; pero es para una personita muy especial y no será revelado hasta dentro de unos cuantos años (si es que todavía seguimos aquí). 

A esto habría que sumarle unos cuantos entretenimientos más. Obviando las casi diez horas que paso fuera de casa por el trabajo, procuro mantenerme bastante ocupado: intento hacer cursos online ocasionalmente o conseguir formación alternativa de alguna otra forma. Este trabajo se acabará antes o después y el mercado laboral me estará esperando con las fauces abiertas para masticarme y luego escupirme. El año que acabamos de dejar atrás también me he convertido en profe de Aikido, lo que me requiere todavía un poco más de dedicación a esta actividad (aunque lo hago encantado)... Y bueno, todavía hay algunas cosas más...

En este escenario sup3ia está un poco relegado en mi lista de prioridades, así que ahora mismo estoy en ese impasse de no saber muy bien que hacer: ¿Doy por terminado este episodio de mi vida virtual o lo dejo seguir corriendo (o más bien reptando cual caracol)?... La verdad es que imagino que a Google no le estorbará demasiado este blog desactualizado en sus servidores, así que por el momento lo dejaré estar. Hoy simplemente me apetecía escribir un poco, y así, si alguno de los habituales se pasa, podrá pensar "¡O'tia, que Fran ha escrito algo!", y darme una palmadita -virtual- en la espalda..., o una colleja -también virtual-... Mañana (o dentro de seis meses) dios dirá...

miércoles, 15 de julio de 2015

Bajo el sol de la Toscana...

...¡Y qué sol oiga!

Seguro que si Diane Lane hubiera pasado el mismo calor que nosotros, se habría pensado dos veces comprar aquella casa cochambrosa de la película...

Pese a que este año, en principio, no teníamos intención de hacer demasiados alardes vacacionales, al final nos calentamos. Así, a mediados de mayo, empezamos a coquetear con la idea de hacer un viajecito pequeño (para quitarnos el gusanillo) y para primeros de junio ya tenía comprados los billetes de avión y reservado el alojamiento (y nos habíamos olvidado un poco de los diminutivos...). Esta vez hemos dejado pasar la primavera (que es cuando habitualmente nos gusta viajar) para coincidir con unos buenos amigos, y nos hemos ido casi una semana a Italia (del 28 de junio al 4 de julio), a la región de la Toscana. Allí hemos vivido la primera gran ola de calor que ha sufrido el sur de Europa este año (¡Toma! Por viajar en verano...). Y aunque el tórrido sol, los conductores italianos y una pequeña tropa de niños sobreexcitados han hecho mella ocasional en el ánimo, hemos pasado unos días estupendos.

Establecimos nuestro puesto base en un agradable y céntrico apartamento en Florencia y desde allí nos hemos movido por la ciudad y por la región toscana.

Domingo 28 de junio

Llegamos por la tarde, pasadas las tres, al Aeropuerto Amerigo Vespucci de Florencia. Allí cogimos un bus que nos trasladó hasta la estación de Santa María Novella. Desde la estación emprendimos el paseo a pie hasta el apartamento. En teoría estábamos a menos de diez minutos de nuestro alojamiento (y era cierto) pero no contamos con que esos diez minutos cargados de maletas, pendientes de tres niños y un bebé, y bajo un sol de justicia, iban a ser un poquito ingratos... Debido a estos contratiempos y a una ligera desorientación inicial los diez minutos se tornaron en treinta o cuarenta, pero aún así llegamos; sin aliento pero llegamos...

Cuando el propietario de apartamento se marchó, tras una amena y amable charla llena de sugerencias y recomendaciones para nuestra estancia, descansamos brevemente, deshicimos algo el equipaje y tomamos una ducha reparadora para empezar a patear la calles adoquinadas de Florencia.

El apartamento estaba en una situación inmejorable, no tardamos ni cinco minutos en plantarnos en la Piazza del Duomo, frente a la increíble Catedral gótica de Santa María del Fiore. La impresionante cúpula diseñada por Brunelleschi y la torre del campanario son visibles prácticamente desde toda la ciudad, así que no tenía pérdida. Lamentablemente el baptisterio estaba cubierto por labores de restauración lo que deslucía bastante el conjunto, pero el lugar es igualmente impresionante.

Catedral de Florencia. Fachada principal
Catedral de Florencia. Torre del campanario.
Catedral de Florencia. Cúpula.
Como ya era un poco tarde, el viaje había sido largo y teníamos a los pequeños cansados y hambrientos buscamos un sitio para cenar. En la misma plaza de la Catedral nos metimos, sin mirar demasiado, en un restaurante llamado Buca San Giovanni. Cuando entramos en el comedor (muy acogedor por cierto) y empecé a ver fotos de gente famosa en las paredes me temí lo peor; pero al final, teniendo en cuenta lo bien que cenamos y el lugar donde estábamos, il conto -como dicen los italianos- no fue demasiado alarmante.

Acabamos la noche tomando un helado sentados en una terracita junto al Doumo, embobados con sus mármoles, sus esculturas y su cúpula.

Lunes 29 de junio

El lunes 29 debía ser uno de los días fuertes en Florencia. A media mañana ya estábamos de nuevo por la Piazza del Duomo. Hacía bastante calor, pero nos armamos de valor (y un poco de paciencia con los niños) y comenzamos a patear las calles. Nuestra primera parada, a pocos minutos de la Catedral, fue la Piazza della Reppublica. En esta gran plaza, que era lugar de encuentro de escritores y artistas, hay un antiguo tiovivo en el que, por un euro el viaje, podíamos apaciguar el ánimo de los más pequeños. Luego continuamos hacia el sur, buscando la Piazza della Signoria.

Tiovivo de la Plaza de la República.
Esta plaza, para mí, es uno de los lugares más bonitos de la ciudad. Allí se encuentra el Palacio Vecchio, custodiado por una replica del David de Miguel Ángel y una magnífica escultura de Hércules. Un poco más allá hay una preciosa fuente de Neptuno del siglo XVI. Y por supuesto está la Loggia della Signoria, una suerte de museo de esculturas impresionantes al aire libre. Nos detuvimos a disfrutar del lugar un buen rato y aprovechamos para comprar unos apetecibles vasos de fruta fresca. Los pagamos casi a precio de caviar, pero los niños no perdonan su merienda de media mañana...

Plaza de la Señoría. Palacio Vecchio.
Plaza de la Señoría. Esculturas de la Logia.
Plaza de la Señoría. Logia.
Más tarde continuamos hacia el sur, a través de la Piazzale degli Uffizi y en poco rato estuvimos junto al río Arno, admirando el emblemático Ponte Vecchio. Caminamos junto al río hasta llegar al famoso puente, y al cruzarlo, el pis de los enanos fue la excusa perfecta para hacer otra parada técnica y tomar un helado en la terracita de una heladería.

Puente Vecchio.
Tras el receso continuamos caminando hasta que nos encontramos con la Piazza dei Pitti. Allí está el palacio del mismo nombre. La fachada del edificio, que fue residencia principal de los Médicis, no me pareció demasiado espectacular a la vista, grande sí, es una construcción bastante armatoste con pinta de centro penitenciario (por dentro no lo vimos). Pero detrás del palacio estaba nuestro siguiente objetivo: los Jardines de Bóboli. Aunque antes de ver los jardines tuvimos que detenernos nuevamente; los niños estaban cansados y con hambre (sí, otra vez...), así que entramos en una pequeña pizzería para hacer el avituallamiento.

Los Jardines de Bóboli eran una de nuestras grandes apuestas para mantener a los críos entretenidos durante un par de horas. Recorrimos las calles animados hasta encontrar la verja que da paso a los jardines y... ¡Zas! nos la encontramos cerrada. Un cartel anunciaba que los jardines cerraban el primer y el último lunes de cada mes. Era lunes 29, último lunes de junio... Nos sentimos abatidos, decepcionados y muy cabreados (esa información no figuraba en nuestras guías) ¿Y ahora qué? 

Tras discutir un rato las opciones y regañar a los niños, que en ese momento ya estaban planeando una revuelta armada, nos decidimos por una opción que en principio habíamos descartado: Un paseo en uno de esos autobuses turísticos de Hop On Hop Off. Nosotros los conocíamos de otros viajes -Londres y Bruselas- y nos parecía una forma relajada de ver una panorámica de la ciudad y calmar a los chicos -que suelen contentarse al subir en cualquier cosa con ruedas que les evite caminar-. Con esto ganamos bastante tiempo y huímos un buen rato del calor...

Nos bajamos del autobús en la Estación Central como una hora y media más tarde, y desde allí volvimos caminando a la Piazza del Duomo y luego, de nuevo, a la Piazza della Reppublica con la intención de sobornar a los niños con otra vuelta en el tiovivo, a fin de que aguantaran un poco más.  Entre unas cosas y otras se nos hizo la hora de cenar. Lo hicimos muy dignamente en la agradable terraza de un restaurante: la Osteria del Porcellino, muy cerca del Mercato del Porcellino, donde está la fuente de bronce de un jabalí al que la tradición recomienda acariciar el hocico para lograr un poco de buena fortuna. Acabamos la noche con un breve paseo nocturno por la Piazza della Signoria y luego nos fuimos a dormir con una paliza bastante razonable (sobre todo los niños).

Martes 30 de junio

Llegó uno de los momentos que más me emocionaban y aterrorizaban al mismo tiempo: ir a recoger los coches que habíamos alquilado. Nunca (salvo en Portugal) he conducido fuera de España y después de ver conducir a los italianos, de observar a gente en motos y bicicletas circulando de forma completamente anárquica y de recorrer las calles del centro de Florencia (que además son de circulación restringida y si te descuidas te pueden cascar unas multas de echarse a temblar...), la idea del callejeo en coche me resultaba muy poco atractiva... Nos asignaron dos pequeños y cómodos Fiat Panda, y tras lidiar un rato con el papeleo, nos pusimos en ruta. Nos ibamos a Pisa.

En justicia debo decir que, si bien las carreteras y autovías eran bastante deplorables y los italianos un tanto alocados al volante, también nosotros, debido a la desorientación y a un afán desmesurado por no separarnos, cometimos unas cuantas temeridades que bien merecieron más de una pitada. Afortunadamente no tuvimos percances más allá de frenazos y volantazos... 

... Y finalmente conseguimos llegar a Pisa. Según nos habían dicho, lo único reseñable en Pisa es el Campo dei Miracoli, donde están el Duomo y la famosa torre, así que dejamos los coches en un parking y recorrimos los escasos metros hasta el recinto amurallado rodeado de restaurantes, bazares y tiendas. Desde fuera no se ve nada, pero cuando cruzas la portona de la muralla la vista es sencillamente espectacular.

Campo de los Milagros. Baptisterio, Catedral y Torre al fondo.
La idea que nos venía rondando la cabeza desde que dijimos a los críos que ibamos a ir a Pisa era la de hacer un picnic cerca de la torre, así que después de dar un paseo por allí y hacer el centenar de fotos correspondientes, compramos unos bocadillos y unas bebidas, nos sentamos en el césped a la sombra del baptisterio y disfrutamos de nuestro almuerzo y de las magníficas vistas (con otro montón de gente que había tenido la misma idea...).

Campo de los Milagros. Catedral y Torre.
La Torre de Pisa.
Por la tarde decidimos dar un poco de tregua a los chicos, hicimos un paréntesis entre tanta visita cultural y nos fuimos a la playa. Pasamos un par de horas o más en una playa de Viareggio y los niños disfrutaron de lo lindo del mar y la arena. Después de pasar un buen rato duchando a los peques y sacándoles arena prácticamente de cada rincón de su anatomía, cogimos los coches y nos dirigimos al último destino del día: Lucca.

Llegamos a Lucca bastante atardecido y la verdad es que fue una pena. Nuestro plan original era haber dedicado bastante más tiempo a esta preciosa ciudad medieval, pero al final se nos echó la noche encima y a penas pudimos dar una vuelta por la bonita Piazza San Michele y los alrededores. Nos dejamos en el tintero cosas muy interesantes, como la Catedral de San Martín o la Plaza del Anfiteatro, pero el tiempo no daba para más. Eso sí, disfrutamos de una estupenda cena en el agradable restaurante Piccolo Mondo. Luego, ya de noche, volvimos a Florencia, donde después de dar más de una vuelta perdidos y pasar por calles de apariencia y gentes poco recomendables logramos encontrar el garaje en el que habíamos acordado dejar los coches.

Iglesia de San Michele. Lucca.
Miércoles 1 de julio

El miércoles, después de desayunar en el Bar Nabucco, junto al apartamento, fuimos a por nuestros Pandinas y nos pusimos de nuevo en marcha. Tocaba aventurarse por carreteras secundarias para ver el famoso valle de Chianti y conocer algunos de los pueblos más bonitos de la Toscana. Lo de las carreteras secundarias después de ver aquellas autovías hizo que se me erizaran los pelos de la nuca, pero al final no fue tan terrible y vimos unos cuantos pueblos preciosos.

Primero estuvimos en Montefioralle, una pequeña y encantadora villa del siglo XI que parece haber quedado congelada en el tiempo. Más bien parecía el plató de una película. Paseamos por sus preciosas callejuelas empedradas durante un buen rato y a penas nos cruzamos con tres o cuatro lugareños (por no haber no había ni turistas). Había tanto silencio y tranquilidad que casi parecía que en cualquier momento saldría una anciana y nos echaría del pueblo a golpe de escoba cuando los críos perturbaron ligeramente la calma del lugar con sus juegos y su cháchara.

Montefioralle.
Montefioralle.
Otro de los pueblos que nos habían recomendado era Monteriggioni. El hecho de que hubiera sido escenario de películas tan sonadas como Gladiator o La Vida es Bella era bastante prometedor. Luego en realidad no es que sea un lugar espectacular, pero es bonito: la plaza principal -donde comimos atendidos por, probablemente, los camareros más huevones de Italia- está presidida por una pequeña y sencilla iglesia románica, y sus murallas y edificaciones a penas han cambiado desde el siglo XIII, cuando la villa fue construida.

Monteriggioni.
Monteriggioni.
San Gimignano ya es otra historia. Este pueblo amurallado, que algunos llaman "El Manhattan Medieval", además de tener un centro histórico espectacular tiene como característica el conservar un buen número de torres que le otorgan un skyline muy particular que recuerda vagamente al perfil de los rascacielos neoyorkinos. Es un lugar muy turístico que ha sucumbido al mercantilismo y esto se ha cargado parte de su encanto (Las sensaciones fueron semejantes a cuando estuvimos hace un par de años en Santillana del Mar, una mezcla de admiración y pena...). En cualquier caso es un lugar precioso y disfrutamos un buen rato de sus calles.

San Gimignano.
San Gimignano.
San Gimignano.
El día había sido ajetreado, el calor había apretado durante toda la jornada y a última hora de la tarde, si los mayores ya estábamos bastante cansados, los niños caminaban arrastrando sus pies y sus caras largas por los suelos empedrados como almas en pena. Aquello ya no había helado ni tiovivo que lo arreglase... Lo que más nos apetecía era llegar al apartamento, ducharnos, cenar tranquilamente y descansar hasta el día siguiente.

Jueves 2 de julio

En nuestro plan original, nuestro tercer y último día con coche en la Toscana lo ibamos a dedicar integramente a Siena. Desafortunadamente las cosas no salieron exactamente como habíamos planeado. Sí que fuimos a Siena, pero esa fue la única coincidencia con nuestros planes.

Sabíamos que Siena es una ciudad turística -su centro histórico es patrimonio de la humanidad desde los 90- pero la cantidad de gente que había por todas partes era un poco exagerada para un jueves de julio cualquiera a 35º de temperatura... Luego resultó que no era un jueves cualquiera... Sin planearlo nos habíamos metido de lleno en la fiesta de El Palio. El Palio es una fiesta que los sieneses celebran dos veces al año -el 2 de julio y el 16 de agosto-. En ella la protagonista es una particular carrera de caballos de origen medieval que tiene lugar en la Piazza del Campo. Las calles se llenan de estandates, blasones, señores con armadura (¡qué calor!) y gente, mucha gente por todas partes.

Siena. Plaza del Campo.
En fin que, como consecuencia del fiestón, a penas pudimos asomarnos a la principal plaza del centro histórico antes de que la policía desalojase a todo el que no tuviera sitio reservado en el graderío para ver la carrera. Nuestra estancia en Siena se limitó a caminar por sus hermosas calles -llenas con más gente de la deseable- y pasear por las inmediaciones de la impresionante catedral; catedral que según parece es de las más bonitas de Italia, pero que tampoco pudimos ver por dentro, ya que las taquillas había cerrado un rato antes de llegar nosotros... Así que tras disfrutar de una tranquila comida en un restaurante llamado Permalico y dar un último paseo por sus calles, dejamos Siena con cierto sabor agridulce.

Siena. Catedral de Nuestra Señora de la Asunción.
Siena. Catedral de Nuestra Señora de la Asunción.
De vuelta a Florencia decidimos aprovechar la última tarde de coche para movernos un poco por los sitios más retirados de la ciudad. Subimos hasta el mirador de la Piazzale Michelangelo, donde se puede disfrutar de las mejores vistas de la ciudad y luego un poco más arriba, hasta una pequeña basílica, San Miniato al Monte, desde la que también hay unas vistas preciosas. Quedaba poco rato hasta la hora de la cena y como disponíamos de los coches quisimos acercarnos a un pequeño pueblo en una colina cercana a Florencia, Fiesole, para cenar y dar una vuelta. En Fiesole hay unas cuantas cosas interesantes: muros etruscos, un teatro romano y una iglesia románica entre otros... Sin embargo este pequeño pueblo también estaba de fiesta y, después de una desesperante e infructuosa búsqueda de aparcamiento por sus calles estrechas, nos volvimos frustrados a Florencia.

Florencia. Mirador de la Plaza de Miguel Ángel
Afortunadamente la jornada terminó de la mejor manera posible. Pudimos cenar en una conocida y pintoresca trattoria que nos habían recomendado: ZàZà. La estupenda comida, la atención impecable y la alegre decoración, redujeron considerablemente cierta sensación de frustración que nos había dejado el día y nos fuimos a la cama razonablemente satisfechos con la jornada.

Viernes 3 de julio

A primera hora de la mañana los "cabezas de familia" -vamos, que nos tocó a los papás...- nos enfrentamos a la ardua tarea de devolver los coches a la agencia de alquiler. Creo que ya lo he dicho, el tráfico en Florencia es una locura. No sé si es algo general en Italia (por lo que recuerdo de Roma yo diría que sí...), pero el caso es que entre tráfico, obras y GPS nos pegamos una vuelta de escándalo... Cuando finalmente entregamos los vehículos, nos fuimos a reunir con las familias en la Piazza del Duomo. 

Tras visitar el interior de la Catedral, decidímos que las mamás subirían a ver la cúpula con los niños mayores mientras los papás nos quedábamos dando un paseo con el bebé. Como tuvimos la suerte de que la pequeña se quedó dormida, pudimos tomarnos una cerveza tranquilamente mientras esperábamos al resto de la tropa. 

Florencia. Vistas desde la cúpula de la Catedral.
Por la tarde teníamos prevista una de las visitas más esperadas del viaje (al menos para mí). Ibamos a ver la Galería de la Academia, donde se exhibe el original y genuino David de Miguel Ángel. La hora de entrada de nuestros tickets era bastante temprano, así que decidimos comer pronto. No nos apetecía demasiado complicarnos la vida buscando un sitio adecuado para los pequeños, y como según reza el refrán "más vale malo conocido que bueno por conocer" (y además en este caso lo "malo conocido" resulto ser muy bueno) repetimos en ZàZà. Nuevamente comimos satisfactoriamente y como acabamos con tiempo suficiente, y la Galería de la Academia estaba a cinco minutos de nuestro apartamento, nos fuimos a casa a descansar un rato.

La Galería de la Academia es uno de los museos imprescindibles de Florencia, principalmente por su más destacado huésped. Hay otras muchas pinturas y esculturas destacables por supuesto, pero el simple hecho de admirar el David ya hace que la visita merezca la pena. Quizás sea por el lugar que esta escultura ocupa en la cultura popular, por haberla oído mencionar con tanta frecuencia o por haberla visto tantas veces representada, pero yo creo que se tiene bien ganado el puesto entre las obras más impresionantes y representativas del Renacimiento.

Galería de la Academia. David de Miguel Ángel.
Galería de la Academia. David de Miguel Ángel.
Galería de la Academia.
Cuando salimos de la Galería, decidimos dar un paseo hasta otra de las basílicas destacadas de Florencia: la Santa Croce. Cuando llegamos, nos encontramos un enorme graderío montado en la plaza y la iglesia cerrada. Otra pequeña decepción. En la Santa Croce están las tumbas de personajes de la talla de Maquiavelo, Miguel Ángel y el mismísimo Galileo Galilei... Además es el lugar donde Stendhal sufrió los síntomas con los que más tarde sería descrito el famoso síndrome... Así que fue una pena ¿Quién no querría sentir que le está dando un infarto en medio de una preciosa basílica florentina? Debe ser una experiencia única (:P)...

Basílica de la Santa Cruz.

Cerca de la Santa Croce fuimos tomar algo en el Café Murate, un café-bar de ambiente cultural que nos habían recomendado, con un estupendo patio donde fuimos a reposar nuestras cansadas almas..., y de paso a quebrantar la paz del lugar con nuestros peques, que andaban como locos con las palomas...

De vuelta a casa, ya con la hora de cenar encima, nos detuvimos en un restaurante cerca de San Marcos. Después, nuevamente derrotados por el cansancio y el calor, volvimos al apartamento y dimos por finalizada la jornada.

Sábado 4 de julio

El sábado acababa nuestra aventura toscana, pero como nuestro vuelo era por la tarde aún quedaba tiempo para un último mordisco. Aunque en principio habíamos descartado visitar la Galería de los Uffizi (no queríamos meter a los niños en otro museo) a mi me apenaba bastante no echarle un vistazo a las obras de algunos de los grandes artistas sobre los que tanto se ha escrito y hablado. Al final, como era mi cumpleaños, nuestros amigos decidieron regalarme la visita a la Galería (¡GRACIAS!), pero sólo fuimos los padres. Las mamás decidieron quedarse acabando de preparar equipajes y entreteniendo a los niños (dejando bien claro que les debíamos una...). 

Recorrimos el museo durante un par de horas (a todas luces tiempo insuficiente). A lo largo de las numerosas salas del edificio se pueden encontrar las grandes obras de Botticelli, cuadros de Leonardo DaVinci, Miguel Ángel, Rafael, Tiziano, Caravaggio (y un montón más... Es como estar en el Paseo de la Fama del arte clásico)... Además de todos los grandes del renacimiento, hay esculturas romanas, arte bizantino, gótico... Yo no entiendo casi nada de arte, pero en dos horas no tuve a penas tiempo de ver, ni tan siquiera, a todos los que me sonaban... Aún así, poder contemplar "El nacimiento de Venus" a un metro fue un regalazo.


El Nacimiento de Venus, de Botticelli.
La Anunciación, de Leonardo DaVinci

El Laocoonte. Copia del original que está en los Museos Vaticanos de Roma
Al salir del museo quedamos con nuestras familias en la Piazza della Reppublica. Allí cada cual se despidió de Florencia a su manera: los niños montando nuevamente en el tiovivo, los mayores tomando algo en una de las terrazas chic de la plaza. Luego volvimos al apartamento, recogimos nuestros equipajes y nos fuimos hasta la estación central -esta vez en bus urbano-. Allí debíamos esperar el autobús que nos llevaría hasta el aeropuerto de Pisa, desde donde salía nuestro vuelo unas horas más tarde.

Lo del autobús a Pisa fue la experiencia más desastrosa del viaje. Llegó con muchísimo retraso sobre el horario previsto. Debimos estar esperando más de una hora en el momento más caluroso del día, y  cuando por fin llegó todos suspiramos aliviados ante la perspectiva del aire acondicionado. Sin embargo, cuando subimos al vehículo, resultó que el aire se había estropeado. El viaje hasta Pisa (que además fue más largo de los esperado) resultó bastante infernal. Llegamos a quitar las camisetas a los niños por miedo a que les diera un chungo. Por si fuera poco, cuando circulabamos por la autovía, pugnando por el aire calentorro que entraba por alguna ventana, la policia paró el autobús por algún motivo que no llegamos a conocer, lo que prolongó un poco más la agonía... Finalmente llegamos al aeropuerto (al borde de una lipotimia) con el tiempo justo para facturar el equipaje y comer algo antes de embarcar.

Por fortuna, el resto del viaje transcurrió sin incidencias, y tres horas después de subir al avión estábamos de camino a casa, cantando las alabanzas a las autovías españolas y muy cansados, pero contentos de haber sobrevivido al sol de la Toscana y además haberlo disfrutado.

viernes, 1 de mayo de 2015

Madrid, abril de 2015

Este año nuestras habituales vacaciones de primavera se ha visto reducidas a anecdótica escapadilla debido a algún que otro percance automovilístico (con imprevistas consecuencias monetarias...). Así que nos hemos cogido una nochecita de hotel con entradas al Parque de Atracciones en nuestra ilustre capital.

Nos gusta mucho ir a Madrid, siempre hay un montón de cosas que hacer allí y cuando el objetivo es pasar ratos entretenidos con los niños nunca te quedas sin recursos. En esta ocasión queríamos llevar a Olga al Parque de Atracciones, el de toda la vida, así que aprovechamos una de las numerosas ofertas disponibles y nos fuimos para allá.

Llegamos a nuestro hotel el viernes 24 hacia el medio día. Esta vez nos alojamos por la zona del Bernabeu, una zona muy céntrica y bien comunicada. Como estabamos cansados decidimos tomarnos con calma el día e ir a saco con el parque de atracciones la jornada siguiente... No sé que tan buena idea fue esa, porque el sábado después de todo el día en el Parque debíamos afrontar el viaje de vuelta a casa, pero el caso es que lo decidimos así. Total que el viernes estuvimos paseando, comiendo, volviendo a pasear y volviendo a comer durante casi todo el día. Nos fuimos temprano al hotel, y a las diez y media ya estabamos los tres en brazos de morfeo. Diez horas de sueño profundo y reparador (que una vez año no hace daño...).

Por la mañana relativamente temprano -sobre las nueve y media- ya estabamos en pie y de camino al restaurante del hotel. Como suele ser habitual cada vez que leo las palabras "bufé libre" hice una ingesta ligeramente superior a lo recomendable para un desayuno civilizado, pero bueno, ya quemaría calorías en el Parque de Atracciones (aunque desafortunadamente me ocupé de ir reemplazando las calorías quemadas a lo largo de todo el día...). 

Cogimos la línea 10 del metro y 20 minutos después, sobre las 11:30 (media hora antes de la apertura), ya estabamos a las puertas de nuestro destino. El Parque de Atracciones de Madrid está en medio de un magnífico pinar en la Casa de Campo, esto implica que es un lugar relativamente fresco y con sombra abundante. Además el día estuvo entre nublado y ligeramente soleado, lo que facilitó mucho las cosas para estar todo el día al aire libre. Montamos con la niña en un buen número de atracciones -repetimos en varias-, pero como el día estaba fresco en principio procuramos evitar las atracciones de agua en las que había riesgo de mojarse... Y digo en "en principio" porque al final tanto insistió Olga que acabamos cediendo, fui a comprar unos ponchos de plástico y nos dejamos caer un par de veces por Los Fiordos (los del vídeo nos somos nosostros, mi cámara no es acuatica, pero valga como documento audiovisual...). Después le dimos nuestros ponchos a una pareja que estaba pensando si subir o no en la atracción y continuamos nuestro paseo por el Parque, sólo ligeramente mojados en pelo y cara... Aunque quizás nos deshicimos de los plásticos demasiado pronto...

El día paso divertido, agradable en lo climatológico y con Olga pasando olímpicamente de Dora la Exploradora y Bob Esponja, mientras perseguía por el Parque a las tropas imperiales, a Darth Vader, a Darth Maul o cualquiera que llevara un "Darth" en el nombre y oliese mínimamente a Star Wars (y eso que hasta ahora sólo ha visto dos o tres películas de LEGO Star Wars y algún capítulo de la serie de dibujos, no se que va a ser de nosotros cuando vea las películas... Lo confieso, mea culpa). Sin embargo, cuando ya nos íbamos, nos suplicó subir una última vez en un cacharro que le había encantado y en el que aún no había repetido: El Magneto de JimmyNeutrón. Miré el reloj, teníamos que coger el metro y volver al centro de Madrid (unos 20 minutos), cenar algo, recoger nuestro coche y ponernos en marcha de vuelta a Cáceres. Eran más de las ocho y me daba un poco de tirria hacer todo el viaje de vuelta por la noche (y demasiado cansado)..., pero al final volvimos a ceder. 

Como yo había montado con la niña la primera vez ahora le tocaba a Cris, así que hicieron cola pacientemente durante 15 o 20 minutos mientras yo esperaba fuera de la atracción para captar alguna instantánea. El cielo estaba empezando a parecer sospechosamente encapotado (más de lo que había estado durante todo el día) aún así perseveramos y subieron a la atracción... Bajar la barra de protección y caer la primera gota fue todo uno. Cuando los asientos estaban en la parte más alta del artefacto ya estaban razonablemente mojadas, y para cuando la atracción paró (antes de tiempo) y pudieron bajar, parecía que habían tomado una buena ducha. Yo, por supuesto, decidí quedarme también bajo la lluvia para conseguir cinco borrones que jamas en la vida pasarían por fotos, antes de decidir que era mejor no cargarme la cámara e ir a guarecerme de la lluvia, sólo un par de minutos antes de que ellas bajaran...

Lo que son las cosas, habiamos pasado todo el día evitando las demandas de la niña por montar en atracciones de agua. Como estaba nublado y algo fresco nos parecía innecesario exponerla (exponernos) a un resfriado. Y al final el aguacero que nos cayó encima (ya sin ponchos) mientras montaban en el dichoso "Magneto" suplió con creces cualquier otra atracción acuática... Cuando Olga se me abrazaba arrecida de frío me dijo "Esta sí que ha sido una atracción de agua ¿eh papá?...".

A partir de ahí todo fue una carrera: corrimos hasta la parada del metro bajo la lluvia. Corrimos chapoteando por las calles mojadas de Madrid hasta un centro comercial donde poder usar un baño para secar a la niña y cambiarla de ropa (llevábamos algunas cosas en una pequeña mochila). Cenamos a la carrera en un Burger King. Y corrimos hasta el parking para coger el coche y volver a casa... 

El viaje de vuelta transcurrió sin percances. Olga durmió plácidamente todo el viaje y yo aguanté como un campeón al volante hasta que llegamos a casa sobre la una y media, cansados pero satisfechos.

sábado, 11 de abril de 2015

En un lugar de la Mancha...

Moral de Calatrava es un bonito pueblo castellano-manchego en el que están parte de mis raíces. Hace ya muchos años, pasé allí maravillosos momentos de mi infancia: largos y calurosos veranos, frías y familiares Navidades, en casa de mis abuelos maternos. En aquel entonces era el típico lugar en el que casi todo el mundo se conocía (además mi abuelo Pepe era particularmente popular en el pueblo). Con el tiempo han cambiado muchas cosas: el molino de viento, solitario y destartalado allá en el cerro, luce ahora sus aspas restauradas y le acompañan sus hermanos gigantes de un parque eólico. Muchas de las personas, familiares algunos de ellos, que pululaban por sus calles en mi infancia, ya no viven o se marcharon hace tiempo. Y ahora hay una diversidad étnica impensable hace 30 años en un pequeño pueblo perdido entre las sierras manchegas. Sin embargo sigue siendo un lugar agradable donde todavía conocemos a mucha gente y donde se puede disfrutar, entre otras cosas, de los mejores vinos y quesos manchegos.


Después de muchos años de desconexión el año pasado empezamos a retomar el contacto. Aprovechando que mis padres han hecho un importante esfuerzo y han arreglado la casa de mis abuelos, y que nos la ofrecieron como casa rural familiar para ir cuando quisieramos, invitamos a unos amigos de Cáceres y estuvimos allí con los niños. No dejé constancia de aquellos días en este blog, pero fueron tremendamente agradables y todos nos quedamos con ganas de repetir (y repetiremos). Aquello fue en octubre y fueron tres días que dieron para mucho, pues además de patearnos bien Moral, comer genial y beber mejor, estuvimos en Almagro y visitamos el Castillo de Calatrava (y eso que el tiempo no fue el mejor...).

Desde hacía ya algún tiempo (casi desde las últimas vacaciones de hecho...) Cris y yo veníamos dándonos cuenta de que necesitabamos un breve descanso vacacional. Dos días antes de Semana Santa ya era imperativo desconectar unos días de la rutina, pero al mismo tiempo andábamos un poco preocupados con la cosa económica. Necesitábamos un plan agradable pero low cost, además pensamos que mis padres estarían encantados de fardar de nieta por el pueblo, así que decidimos -casi de un día para otro- ir a pasar allí unos días con ellos.

La Semana Santa del pueblo es particularmente interesante. Al margen de los gustos religiosos de cada cual, las procesiones son especialmente espectaculares, ya que en casi todas ellas desfilan los "armaos". Hombres, mujeres y niños se visten con vistosos trajes de milicias romanas y llenan las calles con el sonido de sus trompetas y la estruendosa percusión de sus tambores... Os podéis imaginar la cara de una niña de 6 años con esta gente pasando bajo su balcón.

Por lo demás buena comida, buen vino y un estupendo día en una casa de campo con amigos de la familia de los de siempre -de esos que me conocen desde bien chico-, han sido un regalo en estas breves pero relajantes vacaciones y están consiguiendo reconciliarme con el pueblito bueno del que hablaban en aquel anuncio de Acuarius...