viernes, 20 de mayo de 2011

La que pudimos liar

Acabamos de llegar de la compra, Cris y Olga suben un momento a casa de una vecina -Olga quiere ver al gato- mientras yo paro en casa a soltar las bolsas y a preparar el baño de la enana. Entro en casa, suelto las llaves, dejo la compra en la cocina y lleno la bañera.

A los diez minutos escucho a la niña alborotar en la escalera y voy a abrir la puerta. Allí está, en el portal, correteando y pegando voces (lleva unos días que le ha dado por gritar todo el rato...). Cris se ha parado a hablar con los vecinos de enfrente, la chica ha tenido un accidente y va en silla de ruedas; yo salgo para interesarme... Y entonces la mocosa entra corriendo en casa y cierra la puerta de un portazo (otra de sus modas últimamente)... Cris y yo nos miramos con los ojos como platos y nos palpamos los bolsillos...

- ¿Tienes llave? -
- No, ¿y tú? -
- No...

Empiezan los nervios...

- Fran, salta por el patio del vecino y... -
- ¿Cómo?, tenemos la casa fortificada, está todo cerrado y hay barrotes en todas las ventanas. -
- Cogemos la copia de las llaves que hay en el coche... –
- ¡Es que las llaves del coche están dentro de casa...! –

En ese momento Cris es una madre histérica y yo un padre al que no le llega la camisa al cuello...

- ¡Pues que nos abra un vecino la puerta del garaje y si hace falta rompo una ventanilla del coche! -
- Es que de todas formas no vamos a poder abrir, he dejado la llave puesta por dentro en la cerradura... –
- ¡Pues te juro que tiro la puerta abajo...! -
- *glubs* ...-

Mientras los vecinos nos miran con cara de circunstancias, nosotros intentamos analizar las situación con frialdad; la verdad es que no pinta demasiado bien: Allí estamos, en la puerta de la calle, sin llave de casa. La copia más cercana en el coche, del que tampoco tenemos llave. La segunda copia más cercana a 90 kilómetros, en casa de mis padres. Y nuestra hija de dos años, que dos días antes casi no llegaba a la manilla y que tras varios intentos ni siquiera era capaz de abrir la puerta, encerrada sola en casa... Entonces, mientras una gota de sudor frío me recorre la espalda, escucho un "clic" y una cara adornada con una sonrisa pícara aparece por una rendija, mientras un cuerpo menudo casi parece colgado de un bracito agarrado al tirador de la puerta. La que pudimos liar...

jueves, 28 de abril de 2011

El Follonero

Un buen día, a principios de abril, a primerísima hora de la mañana, recibimos un correo del jefe de servicio, en un correctísimo lenguaje no sexista lleno de arrobas. Se nos pedía desde instancias superiores que permaneciéramos en nuestros puestos a partir de cierta hora, porque una televisión local iba a venir a realizar una grabación (por enésima vez). El Servicio de Informática es especialmente proclive a ser objetivo de estas filmaciones, y ello debe ser porque como estamos más apiñados que en ningún otro sitio, colocan la cámara en la puerta y, con el ángulo adecuado, pillan a mogollón de gente que además ofrece buenas secuencias de trabajadores abnegados y ojos enrojecidos.

Como fuera que aquel día me pilló de especial mala leche, mi primera reacción del momento estuvo plagada de vilipendios y exabruptos que no citaré textualmente, para que no se me acuse de utilizar de forma desmedida tan duro (aunque estimable) recurso literario. En un lenguaje algo más moña y políticamente correcto fue algo así: "Después de haber sido penalizado en mi estipendio y de haber soportando inicuas tropelías, no me sale de la hombría que me exhiban otra vez como a un prostituido cuadrumano…" -y el que quiera que lo traduzca-. El caso es que probablemente hubiera bastado con una afirmación un poco más moderada, un simple "tengo derecho a que no me graben" habría bastado, pero como digo, ese fue un día un poco malo, y lo primero que me paso por la cabeza, así como lo primero que seguramente anuncié a mis compañeros de mesa sin pensarlo demasiado, fue digno del Bruce Willis más chungo de La Jungla. El caso es que me propuse desaparecer con cualquier excusa. Luego resultó que me surgió una reunión en otro servicio y que la tele ni siquiera subió a nuestra sala, cosa que después de todo, no hubiera estado tan mal.

Resulta que al final no fue un canal local de televisión el que se estuvo paseando por las oficinas, sino el programa del polémico y afamado Follonero. La verdad es que habría estado bien que se hubieran pasado por en Servicio de Informática. Así hubiera podido sacar en la tele el estado de hacinamiento en el que trabajamos, o las deficientes vías de evacuación. El adorable y cabroncete Jordi Ébole podría haber inhalado unas bocanadas de este aire cargado y apestoso que respiramos a menudo, y le habríamos ofrecido gustosos un primer plano de un pequeño termómetro que tenemos sobre la mesa, donde a eso de la una y media se veían unos refrescantes 28ºC...

Claro que lo más probable es que haga otro de esos programas que tanta fama le han dado, donde ofrecerá los cortes adecuados, acompañados de ingeniosos comentarios, para poner a caer de un burro a los empleados públicos, justificar que nos hayan bajado el sueldo porque nos lo merecemos (sugiriendo que, si es posible, nos lo bajen un poco más) y aportar su mediático granito de arena a la ya de por sí deteriorada imagen de las Administraciones. Lo gracioso es que lo hará con toda la justificación y razón del mundo a juzgar por el comportamiento de muchos de los trabajadores de esta santa casa.

Estando yo de reunión, pude ver y escuchar a un buen montón de personajes corriendo en tropel por los pasillos: "Ha venido el Follonero vamos a verlo...", "A ver si nos saca...", "Corre, corre, vamos a ver si lo pillamos...". Como si hubiera vendido a vernos una estrella de rock y ellos fueran gruppies descontroladas. Más tarde, a la hora de salir, junto a las máquinas de control horario donde fichamos, otro comentaba entusiasmado cómo el bueno de Jordi había entrado por sorpresa en su Servicio, saludando amistosamente antes de que las cámaras entrarán a saco para pillar a alguno con el culo al aire... Parecía que acababa de darle un beso a Hannah Montana... Pero a ver tontazos ¿No veis que ha venido a poneros a caldo? ¡Por Dios mostrad un poco de dignidad! Lamentablemente esto no viene si no a demostrar, una vez más, que tenemos lo que nos merecemos. Amantes del famoseo. De los de hay que asomar la geta en la tele aunque sea para que te la partan y en definitiva, de nuevo, el pan y el circo.

No he visto el reportaje (creo que se emite este viernes), pero me temo que no voy a equivocarme demasiado a tenor del enlace con la premier de los próximos reportajes de Jordi Ébole.

jueves, 14 de abril de 2011

Metáforas "afortunadas"

Al final este hombre va a terminar dándome hasta pena. Pase lo del pleno empleo, pase lo de la Champion League de la economía y pase, incluso, lo de los brotes verdes..., porque se puede ser de género tonto e incluso tener un mal día, pero esto ya es mala suerte. Algún asesor debería estar ya poniendo al día la cartilla del paro o colgado de las pelotas en algún cuarto oscuro de la Moncloa... Estas cosas suceden por no revisar las efemérides del día antes de abrir la puñetera boca...

miércoles, 13 de abril de 2011

Desayunando en el bar

Son las nueve y media de la mañana. Ahí en frente un par de tipos hablan de su último partido de frontenis. Ese otro canturrea distraído los últimos éxitos de los 40 mientras está a lo suyo. A unos pocos metros un corrillo comenta el último partido de fútbol y esos tres de allí discuten acaloradamente sobre Formula 1. Detrás de mi uno cuenta divertidas anécdotas que a todos entusiasman entre carcajadas, y un poco más allá hay unos tíos que hablan de sus cosas como si estuvieran solos. Ahí llega un habitual, silbando y hablando a voces desde la puerta. Y por supuesto no podía faltar el orondo y desenfadado cuponero, que se obstina en hacernos millonarios, al menos una vez por semana... El murmullo es habitual, el bullicio frecuente, como corresponde a cualquier bar que se precie, lleno de parroquianos y contertulios, frente a cafés, infusiones, carajillos y algún que otro sol y sombra... El problema es que esto no es un bar, yo no estoy tomando un café tempranero, y ellos tampoco. Este es el lugar donde trabajo y yo estoy frente a la pantalla del ordenador intentando escuchar mis propios pensamientos. Además es un poco temprano y aún no me apetece ponerme los auriculares a toda pastilla...

Mucha gente trabajando apiñada, una falta generalizada de educación y empatía, y la desidia de unos jefes que antaño paseaban ocasionalmente por el departamento, dejando a su paso un rastro de silencio moderado y conversaciones sosegadas, pero que hoy se aíslan en sus despachos, dejando a la anarquía campar a sus anchas... Supongo que estos son los motivos por los que muchas veces me llama mi mujer y me pregunta:-"¿Qué haces? ¿Desayunando en el bar?"-.

lunes, 11 de abril de 2011

El Manhattan del Mediterráneo

Gracias al inesperado mecenazgo de unos amigos, la última semana de marzo hemos podido disfrutar de unas precoces vacaciones en la Costa Blanca. Una llamada y una propuesta:-“¿Os queréis ir una semana a Benidorm? Nos ha tocado una estancia de una semana con pensión completa y no podemos ir…”. Miré a Cris con una sonrisa de oreja a oreja. Hicimos las convenientes gestiones en el trabajo y un par de días después aceptamos el regalo.

El domingo 27 de marzo, cargamos el coche y nos metimos para el cuerpo 750 kilómetros. Tras algo menos de 10 horas de viaje, con varias paradas para comer o para que la enana se desfogase, y apurando al máximo el deposito de gasoil y los dichosos 110 Km/h, llegamos a Benidorm (GPS mediante).

Lo cierto es que Benidorm me sorprendió gratamente. Toda vez que yo esperaba encontrarme con otra ciudad de playa feúcha y algo sucia, resulta que llegamos a una pequeña Manhattan en la costa de Levante. Flanqueada por sierras y montañas, presenta una atractiva silueta urbana de rascacielos, y un bonito perfil costero. Así mismo posee amplios paseos, avenidas y bonitos miradores. 

Panorámica de la costa desde un magnífico mirador
Los que la conocen de otros tiempos, dicen que ha perdido mucho de su antiguo esplendor, que la marcha ya no es lo que era y que la ciudad ha sido tomada por la tercera edad. La verdad es que no puedo emitir juicios al respecto. No había ido nunca a Benidorm y para ser sinceros, cuando vas en familia, con una niña pequeña, y a las diez tienes que estar en la habitación del hotel, viendo la tele con el volumen bajito para no despertarla, la marcha es lo de menos. Sí que es cierto que cuando entrábamos en el comedor del hotel, la media de edad bajaba radicalmente; sobre todo los primeros días. Pero luego llegaron algunas parejas más jóvenes, algunas incluso con niños. Tampoco andaba escaso el hotel de extranjeros, sobre todo alemanes e ingleses, algunos de ellos relativamente jóvenes también. Había un grupo de estos últimos, en torno a los treinta y muchos o cuarenta y pocos, barrigones, con pinta de hooligans y pulseritas naranjas –todo incluido- que desayunaban con vino y empezaban a clavarse cubatas a las diez y media de la mañana. Un día por la noche vi a uno de ellos dando tumbos por el salón, con la mirada vidriosa y haciendo unas eses que parecían ochos. Fue una de esas situaciones en las se te pasa por la cabeza que puede haber follón, pero decides quedarte un poco más a ver que pasa. El tío cogió un cigarrillo de liar que le dio un compatriota, y sin decir esta boca es mía, se fue con sus eses por donde había venido, en dirección al recinto de la piscina, donde se permitía fumar.

El general y salvo algún problema con la climatización de la habitación, la estancia en el hotel Agua Azul ha sido agradable. El personal del servicio ha sido muy atento, especialmente con la niña, que se ha venido a casa empachada de mimos y carantoñas, tanto de los empleados como de las docenas de improvisados y anónimos abuelos. El buffet, en desayuno, comida y cena, era bastante respetable y variado; y las instalaciones limpias y confortables.

Por lo demás, la semana nos ha servido para descansar y desconectar un poco de la rutina. Es triste decir que a finales de marzo ya necesites unas vacaciones, pero lo cierto es que nos han venido muy bien. Hemos tenido bastante buen tiempo, aunque no lo suficientemente caluroso como para pasarnos el día en la piscina o en la playa. Sin embargo si hemos ido un par de tardes a caminar, a jugar con la arena y a tontear un poco con las olas en la orilla. Yo incluso me di un breve y nostálgico baño uno de los días. Echaba de menos bañarme en el Mediterráneo y lo cierto es que, después de la experiencia, me atrevería a decir que es mucho más osado bañarse en algunas piscinas naturales del Jerte o la Vera en pleno mes de agosto.

Aunque Aqualandia y Terra Mítica, aun estaban cerrados, si que visitamos sus zoológicos temáticos: Mundo Mar y Terra Natura. Cientos de animales -en ocasiones sin ningún tipo de barrera física- organizados en recintos que recrean sus zonas geográficas y entornos, y espectáculos de leones marinos y delfines, hicieron las delicias de la niña... Bueno y las nuestras (¬_¬U. Porque lo cierto es que yo flipé con los delfines y los grandes felinos, y me volví loco haciendo fotos... Ambos parques están fantásticamente habilitados para recorrerlos con niños pequeños y sillitas. Ofrecen estupendos paseos ambientados con música y sonidos de la naturaleza y además, como estamos en temporada baja, los recorridos y espectáculos no estaban nada saturados. En ocasiones caminábamos los tres solos, perdidos entre vegetación y animales, lo que era una sensación muy grata.

Una llama con un serio problema dental...
Con estas visitas y con la anterior a la Reserva del Castillo de las Guardas, casi podríamos bautizar el mes de marzo como nuestro particular mes de la biosfera y la diversidad animal. Creo que puedo decir, sin temor a equivocarme, que en un mes, he visto más bichos vivos que en toda mi vida, y lo cierto es que me ha encantado.

Otra vez los emús. Definitivamente no me gusta un pelo como me miran estos bichos...
Vamos, que al final la semana se ha hecho corta. Tanto la enana como sus padres han disfrutado de lo lindo. Sin obviar algún sustillo –Olga parece haberle cogido el gusto a aterrizar de cabeza desde la cama cada vez que vamos a un hotel, y no hemos podido renunciar a la tradicional visita al centro de salud de turno-, el balance ha sido muy positivo y hago público desde aquí mi agradecimiento a nuestros benefactores.

Olga jugando al escondite con un cachorro de tigre.

viernes, 25 de marzo de 2011

Efeméride

El día la saludó, como cada mañana, proyectando esos divertidos puntos de luz que tanto le gustaban en las paredes de la habitación. Se incorporó en la cama con su fino cabello totalmente revuelto, se desperezó y miró a su alrededor. Se dejó caer de nuevo sobre la cálida almohada y coqueteo con la posibilidad de volver a dormirse. Aunque era atractiva, enseguida renunció a esa idea, volvió a incorporarse y se quedó sentada con las piernas cruzadas, haciendo un tremendo esfuerzo por mantener los ojos abiertos. Se los restregó, a veces eso funcionaba. Bostezó, y volvió a mirar lo que la rodeaba.

Por la cama y en el espacio que quedaba entre el cabecero y la pared estaban desperdigados casi todos sus amigos: Pu la observaba desde el rincón. Gatito, Elly y Pato, Chulú y unos cuantos compañeros blanditos más, parecían sonreírle aquella mañana. Entre las almohadas y el edredón pudo ver a Kino, al Burrito y a la Vaca. Alargó la mano para coger a Kino y lo tomó entre sus brazos. Todavía permaneció sentada unos instantes observando su habitación.

Recordó algo gracioso del día anterior y lo rememoró en voz alta sonriéndose. Luego la imagen de un niño de la guardería quitándole un juguete la disgustó un instante, pero duró poco.

Tenías una sensación peculiar en el estómago, era como cuando papá le hacía cosquillas, pero por dentro. Lo cierto es que, desde hacía unos días, todos andaban un poco revolucionados. En la guardería hablaban de coronas, tartas, globos y aspitos. Mamá y papá habían comprado un montón de cosas y mamá incluso había hecho un bizcocho. Las abuelas decían cosas raras por teléfono y parecían especialmente alegres... En fin todo el mundo estaba muy contento. Era como si fuera a ocurrir algo especial.

De pronto escuchó una voz agradable y familiar. Miró hacia la puerta de la habitación y se le iluminó la cara. Allí estaba mamá, sonriendo y cantando una canción que conocía bien. ¡Hoy era su cumpleaños! Mamá se acercó y le preguntó: -"¿Cuántos años cumple hoy mi niña?"- La pequeña dejó a Kino entre sus piernas cruzadas, estiró un dedo de cada una de sus manitas y dijo alto y claro:-"¡DOS!"-.

lunes, 21 de marzo de 2011

La Reserva

El pasado sábado he celebrado mi segundo día del padre. Si he de ser sincero, más allá del regalo (de gusto algo cuestionable, pero cargado de buenas intenciones) que las cuidadoras de la guardería han hecho para mí, con una foto de la niña y puntitos de colores hechos, mediante su dedito guiado, con pintura Tempera, lo que más me ha llegado ha sido su "Felicidades papi" (previamente ensayado con mamá) y sus besos en mi frente, mientras me sujetaba la cabeza con sus manitas...

Por lo demás este día de San José lo hemos festejado pegándonos una soberana paliza de viaje relámpago, para ir a ver una reserva natural de animales a unos pocos kilómetros de Sevilla. El viernes por la tarde, unos amigos (también con críos pequeños) nos propusieron la aventura, y nosotros, que sin pensarlo nos apuntamos a un bombardeo, corrimos a dejarlo todo preparado para salir bien tempranito el sábado por la mañana.

La Reserva del Castillo de las Guardas está en un precioso paraje natural, en las inmediaciones de una vieja mina de cobre, a unos 50 kilómetros de Sevilla. Según la propia página web de la Reserva, se trata de uno de los mayores parques de animales de Europa. Hay más de mil animales de unas cien especies distintas viviendo en semilibertad (muchos de ellos al alcance de la mano de los visitantes).

Nada más llegar nos dirigimos a la exhibición de aves rapaces, la pillamos empezada y sólo vimos la actuación de un par de buitres comunes y un magnífico buitre leonado que sobrevoló nuestras cabezas a poco más de dos metros. Después disfrutamos -sobre todo la niña, que quedó boquiabierta y entusiasmada- de un espectáculo con leones marinos. Comimos moderadamente bien en uno de los restaurantes del lugar y paseamos por un recinto lleno de animales: chivos de Hungría, liebres de la Patagonia, cigüeñas de varios tipos, cisnes, pavos reales y unos bichos llamados emús, que son unos pájaros enormes parecidos a los avestruces, pero que a mi me recordaban más a los velociraptores de Parque Jurásico (y que parecían mirarme con más hambre que curiosidad).

Culminamos la excursión con un tour de más de una hora por la reserva en un tren neumático, durante el cual pudimos ver las joyas del parque: osos pardos, elefantes, hipopótamos, un rinoceronte blanco, chimpancés... Muchos de estos animales estaban en recintos cerrados más o menos amplios y algunos, como los tigres de bengala y los leones, se mostraron esquivos y a penas les vimos el hocico. Pero había un buen número de bichos campando a sus anchas entre los trenes y los coches (también se podía hacer el recorrido en el propio vehículo, pero no me apetecía dar parte al seguro por la coz de alguna cebra malhumorada). Así que a guanacos, ciervos, gacelas, oryx, cebras y watussis (¡menudos cuernazos!) casi pudimos tocarlos (aunque los continuos carteles de "Peligro, la cebras tienen muy mala leche y muerden" nos hicieron desconfiar de todos los herbívoros...).

Este emú me miró con muy mala cara...
Para estar a mediados de marzo, la verdad es que pasamos momentos de bastante calor. Además el viaje -sobre todo la vuelta- fue bastante deslomante. A última hora tenía calambres en el trasero y dolores por todo el cuerpo (y tener que ir a 110 no ayudó mucho). Pero lo cierto es que la experiencia ha merecido mucho la pena, y algunas de las instantáneas con la cara de la enana no tienen precio...

martes, 15 de marzo de 2011

Cuando ganan los malos

Pertenencia a comando terrorista, involucrado en atentados con bomba, robos a mano armada y secuestro. Procesado y condenado por apología y enaltecimiento del terrorismo e injurias contra el Estado y la Corona (aunque quizás esto sea lo de menos). Estos detalles forman parte de extenso currículo del bueno de Arnaldo Otegi, que hoy se debe estar descojonando del Estado de Derecho.

Para una vez que la justicia española había puesto los puntos sobre las ies, hoy la estupidez institucionalizada me ha vuelto a dejar (contra todo pronostico) ojiplático y boquiabierto. El Tribunal Europeo de Estrasburgo de los Derechos Humanos ha condenado a España por vulnerar la libertad de expresión de este individuo, y ahora toca pagarle la suma de 20.000 euros por daños morales -más 3.000 de costas del proceso-. Importe que saldrá, por supuesto, de nuestros contribuyentes bolsillos...

A mis ojos, esa institución, así como la expresión "Derechos Humanos" acaba de sufrir un duro revés. Lo triste es que probablemente tiene razón. El señor Otegi tiene tanto derecho a decir que el rey es el jefe de los torturadores, como yo a decir que él es un hijo de puta sin escrúpulos y con ideales caducos. La diferencia es que si yo fuera un columnista prestigioso, o incluso si este blog lo leyeran más de diez personas, igual hasta me tocaba pagarle por difamación... Este es el país en el que vivimos, este es el mundo en el que vivimos.

martes, 8 de marzo de 2011

Ahorrando en la factura energética

Hoy ha sido mi primera vez. Mi primera vez a 110 (111 o 112 quizás) por la autovía. Cual virginal novia, despacito, con cuidado. No fuera a ser que en un descuido me la metieran bruscamente con 100 euros de multa por ir a 115...

Yo no suelo pasar mucho de los 120 (rara vez llegaba a 130), pero eché mis cuentas para ver cuanto tiempo me supondría la genialidad gubernamental y me he equivocado muy poco. Hoy he tardado unos 8 o 9 minutos más en llegar a mi trabajo (y lo mismo en volver). Diréis: "¡Leches, cómo te pones, si no son ni diez minutos...!". De acuerdo, no son ni diez minutos, pero cuando uno se levanta a las seis de la mañana y llega a comer a casa cerca de las cuatro, 10 minutos son una puta eternidad...

Hoy, durante los viajes de ida y vuelta, me reconcomía la mala leche. Mira que lo he intentado, desde que sabía que esta medida iba a entrar en vigor he intentado buscarle el lado positivo. He intentado dar por buenos los argumentos del ahorro energético. He intentado dejarme convencer por los que tiran de la ecología diciendo que tendremos menos emisiones de CO2. He intentado pensar en la ingente cantidad de vidas que va a salvar esta brillante providencia. He intentado creerme que esto no es otro despropósito con afán recaudatorio de un gobierno que lleva meses (si no años) dando tumbos... Pero volvemos a lo de siempre: para eso no tendría que leer ni un puñetero periódico, ni foros de opinión. Para eso no tendría que existir el jodido Google, gracias al cual cada vez es más difícil engañar a los pobres pardillos que somos los votantes.

Dicen que con motivo de la crisis en oriente medio y el fantasma del desabastecimiento, se hacen necesarias estas medidas transitorias para ahorrar en la factura energética... ¿La factura energética de quién? Me pregunto, porque a mi me cuesta 15 euros más llenar el deposito que hace unos meses. Incluso nos subieron la gasolina y el gasoil cuando el barril de petróleo estaba en uno de sus precios mínimos. 

El consumo de un vehículo, así como sus emisiones de CO2, dependen sólo en parte de la velocidad. La forma de conducir y el tipo de coche son factores fundamentales. Los coches actuales son diseñados para tener su máximo rendimiento y eficiencia de consumo en torno a los 120 Km/h (algunos más). Existen un buen número de coches de seis velocidades, que con la actual reglamentación no llevarán un régimen de revoluciones suficientemente alto para meter la sexta, pero irán demasiado revolucionados (y consumirán más) en quinta.

En cuanto a la prevención de accidentes está por ver cuantos fulanos se van a partir la crisma por estar más pendientes del cuentakilómetros que de la carretera, porque sólo esta mañana yo ya me he ido al arcén un par de veces por mirar que la aguja no se me fuera de madre.

¿Afán recaudatorio? ¡Qué va, para nada! Cómo podemos ser tan mal pensados con unos políticos tan honestos y bienintencionados. Si aquí lo pone muy clarito.

Está claro que en los días que corren cada vez es más difícil mantener una actitud positiva (que es el objetivo de este blog... ¡Lo juro!). Cualquier persona que pretenda mantenerse mínimamente informado ojeando dos o tres periódicos, al final acabará convertido en un pesimista o, en el mejor de los casos, en un sup3ia (luchando por sobreponerse a su mal rollo).

Un buen amigo me dijo un día que la información genera infelicidad. Es irremisiblemente cierto. Hay quien dirá que lo mejor es pasar de todo y dejarse llevar por las circunstancias. A mi modo de ver, esto tiene un problema: el día que menos te lo esperas, te estampas, por sorpresa, con el muro de la cruda realidad (claro que siempre hay gente con suerte que nunca llega estrellarse). Yo por mi parte prefiero ver venir el muro, por si surge la más mínima oportunidad de esquivarlo...

En cuanto al tema que nos ocupa, sinceramente he llegado a pensar "ojalá me pare la guardia civil a 114 kilómetros por hora":

G.C.: - Buenos días, ¿Sabe a que velocidad iba usted? -
Yo: - Buenas, no sé, quizás un par de kilómetros por encima de 110 -
G.C: - Iba usted a 114 kilómetros por hora, y eso es una infracción… -
Yo: - ¡HAAAALAAAAA! No puede ser que fuera tan pasao’... No, en serio ¿A qué velocidad iba? -
G.C.: - 114…, de verdad –
Yo: - ¿Y me va usted a multar por eso? -
G.C.: - Sip, cien eurillos si tiene usted a bien… -
Yo.: - Sepa usted señor agente, que esta panda de cabrones (jefes suyos y míos) ya me están quitando más de cien pavos mensuales, y me han dejado las pagas extra con síntomas de desnutrición… -
G.C.: - A mi también, pero es que además me van a joder un poquito más si no le multo a usted... –
Yo.: - Mmmm... ¿Y dice que tengo descuento por pronto pago? -

miércoles, 2 de marzo de 2011

Pinceladas autobiográficas: Cuando el SUP3IA forma una familia

Iba a empezar esta entrada haciendo una afirmación un tanto desacertada: Formar una familia es complicado... Unos segundos de reflexión me han bastado para pensar justo lo contrario. Cualquier ceporro puede formar una familia, hasta el más inútil de los seres humanos puede encontrar una pareja y tener hijos. En el mejor de los casos (que no el más frecuente) los dos miembros de la pareja tendrán un mínimo de sentido común y responsabilidad. En otras tantas situaciones uno de los dos aportará un ápice de cordura, básico para que una familia funcione, al menos hasta que se le agote la paciencia a alguno de ellos (generalmente al más cuerdo). Y en el peor escenario imaginable, tendremos a una pareja de idiotas despreocupados, procreando como conejos y dilapidando el futuro económico, cultural y social de su prole... Bueno, también hay idiotas forrados de pasta que procrean como conejos. Esos no dilapidan el futuro económico de sus hijos, pero su aportación a la cultura y la sociedad es más que cuestionable...

Lo que sí es de verdad complicado es formar una familia con éxito. Enfrentarse a los problemas de una convivencia en pareja y a la llegada de los hijos con buenos resultados, es un reto que no está al alcance de todo el mundo. Por si esto no fuera suficiente, el trabajo (o en los días que corren la falta de éste), la economía, la política y en general todo un catálogo de contratiempos diarios (que curiosamente casi siempre tienen detrás a algún cabrón con traje caro, maletín y corbata), no ayudan en tal cometido.

Encima, todos estos problemas se agravan cuando uno es un sup3ia. Una característica que nos define es el catastrofismo (fundamentado o no), la certeza de que las cosas siempre pueden ir a peor y el desagradable vicio de no ser capaces de desconectar de los problemas del mundo con tanta frecuencia como otros seres humanos (a los que por cierto envidio).

El caso es que pese a todo esto, hace ya seis años, yo decidí (con el permiso de mi mujer claro) formar una familia. Aquella chica a la que conocí en un botellón (menuda ironía), concluyó que, si me había soportado durante diez años como novio, podría lidiar conmigo como marido, así que me dio el sí cuando navegábamos por la bahía de Mallorca.

Por fortuna para nosotros, aquellos diez años de noviazgo dieron para conocernos mucho. Para cuando decidimos pasar por vicaría, ya estábamos puestos al día de todos los vicios y virtudes del otro, así que no nos llevamos sorpresas y los primeros cuatro años de matrimonio fueron prácticamente un paseo, una continuación de un largo noviazgo, pero con la ventaja adicional de poder hacer ciertas maldades sin que nuestras familias pusieran objeción.

Esos cuatro años fueron la prerrogativa que nos dimos antes de ampliar la familia. Disfrutamos mucho en ese tiempo: salíamos y entrábamos a nuestro antojo, viajamos un poco y disfrutamos bastante de una especie de noviazgo con papeles. Además, como los dos procedíamos de familias algo conservadoras, a mi me daba morbo tocarle el culo o plantarle un beso en los morros a mi señora delante de nuestros padres... ¡Osado que era uno vaya!

Pero a los cuatro años y pico sí que cambió nuestra vida. Cambió y se desbarató completamente por la llegada de una pequeña preciosa. Preciosa sí, pero con una irritabilidad y unos pulmones que hubieran colmado la paciencia del santo Job.

Se que es un topicazo, pero la llegada de un bebé lo altera todo. Altera las costumbres, altera el descanso, altera la relación de la pareja y con frecuencia altera los nervios. Marido y mujer mutan en un concepto más homogéneo llamado padres, que no pasa de ser un complemento de la criatura, como el cambiador, los pañales o el Johnson’s Baby.

No faltan pruebas que ilustren lo que estoy diciendo. Los temas de conversación, por ejemplo, derivan inevitablemente hacia los humanos bajitos y todos las cuestiones relacionadas con ellos: las gracias, los balbuceos, las primeras palabras, pasos y ocurrencias, la lactancia materna, la leche y los cereales más recomendables..., y largas conversaciones sobre excrementos. No es de extrañar que los amigos (que no son padres) muchas veces dejen de contar con la pareja de felices progenitores para salir de cañas y decidan guardar cierta distancia. Supongo que las patas de calamar y los litros de cerveza no entran igual hablando de escatologías.

Y es que es sorprendente lo importante que puede volverse la caca (vamos, la mierda) cuando es el hijo de uno el que protagoniza la deposición. A la mínima que el bebé pone una cara rara o tiene los ojos vidriosos, los padres tardan una fracción de segundo en coger a la criatura en volandas y olfatearle el culo con ahínco: "parece dura, está otra vez estreñida" o "es blanda, a ver si tiene otra vez gastroenteritis"... ¡Coño, pero si sólo la has olido! ¿Cómo es posible que ya sepas textura, dureza, color y cantidad?... Pues no lo sé, pero lo sé. Debe ser alguna especie de superpoder que se desarrolla con la paternidad, por algún tema hormonal o una mutación en la pituitaria... qué sé yo.

Y ya no hablemos de las primeras veces que la criatura nos pide pis o caca, entonces se colman todas nuestras expectativas como padres (Olga está en esa fase) y aplaudimos y celebramos orgullosos cada evacuación, como si la nena acabase de doctorarse Cum Laude en Física Cuántica Aplicada...

El otro día en la tele, pusieron un magnífico monólogo de Arturo Vals que por supuesto me perdí, porque a esa hora Olga estaba terminando de cenar con su DVD de Pocoyó. Afortunadamente existe YouTube, que aunque ocasionalmente sirva de escaparate para las mayores chorradas del mundo o para lanzar al estrellato a algún payaso sin talento, en general viene muy bien para tener siempre al alcance todas las genialidades televisivas (que también las hay). Os dejo aquí el enlace, porque de verdad merece la pena y me ha arrancado más de una carcajada. Bien sea para que los padres sepamos que no estamos solos, o bien para que los que no lo son se solidaricen con nosotros, ahí queda. Pero debo lanzar una advertencia: el monólogo tiene un fuerte efecto disuasorio.

Por si fuera poco, los padres, que para todo lo demás se vuelven tremendamente olvidadizos, empiezan a memorizar nombres de enfermedades, medicamentes infantiles, personajes de dibujos animados y canciones ridículas sobre animalitos. El otro día me sorprendí canturreando la canción de las tres mellizas en el trabajo. Avergonzado miré a mi alrededor en busca de miradas increpantes, pero afortunadamente nadie me escuchó (o eludieron mencionarlo para no sentir vergüenza ajena). Si alguien me hubiera preguntado hace dos años si veía Caillou le habría partido la cara por insultarme. Hoy me sé la canción y el nombre de todos los personajes.

Tener hijos no es una decisión que deba tomarse a la ligera. Yo de hecho, siempre he defendido la necesidad de un curso para sacarse el carné de padre (y esto no tiene nada que ver con los genitales). Nosotros tomamos la decisión después de meditarlo mucho tiempo, convencidos y totalmente conscientes (o casi) de la que se nos venía encima. Y aún así, se hace tremendamente difícil renunciar a una vida cómoda en pareja: salidas nocturnas, cine, cenas, viajes improvisados casi con lo puesto, mucho tiempo libre y otras numerosas ventajas (como la ausencia de inoportunas interrupciones en determinadas situaciones)... Todo esto por no hablar del aumento exponencial de las preocupaciones -todos, absolutamente todos, los objetos de casa son potencialmente letales-. Se diría que la necesidad del mentado carné es innegable.

Honestamente tengo que decir que muchas veces me he preguntado si esto de la paternidad compensaba. En los momento de mayor agotamiento, o cuando tienes un mal día en el trabajo y lo único que te apetece es escaparte el fin de semana (y no puedes), improvisando y sin dar explicaciones, nos vence el ego y dudamos sobre si tomamos la decisión correcta. Sólo tengo que observar a mi hija durante unos segundos, cuando está distraída, ajena a mi presencia, para que todo vuelva a cobrar sentido.