Mostrando entradas con la etiqueta Celebración. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Celebración. Mostrar todas las entradas

lunes, 26 de marzo de 2012

Tres años, tres días de fiesta...

... Aplicando esta regla de tres, no sobreviviré a los 16 años de mi hija...

Primer día

La cosa empezó hace algunas semanas de la forma más inocente. La idea original era celebrar una pequeña fiesta en casa, con cuatro o cinco amiguitos de la guarde, los hijos de algunos amigos nuestros -dos o tres- y los respectivos padres. Luego la madre de una de las amigas de Olga, que cumplía los años unos pocos días antes, nos sugirió celebrar juntos el cumpleaños de las dos niñas en alguno de esos centros de ocio infantil. Así podrían invitar más o menos a los mismos niños de clase, ellas estarían mucho más contentas y nosotros repartiríamos gastos... Así que al final decidimos quitarnos de engorros en casa y lo hicimos así.

El lugar elegido fue el Gymkana de Cáceres. Salía bastante bien de precio, era amplio y tenían muchas opciones de entretenimiento para los enanos. Las niñas estaban ilusionadas, las mamás confeccionaban con meticulosidad y entusiasmo las listas de invitados, los papás permanecíamos expectantes y un tanto asustados... El evento adquirió matices de la fiesta más esperada del año, y cuando llegó el viernes, todos los niños invitados de la guardería (bueno, sus padres) habían aceptado la invitación. A ellos había que sumar los niños de nuestros amigos y los de la otra parte celebrante... Total que al final nos encontramos con más de veinte pequeñajos revolucionados y una treintena de padres... La zona de juegos del Gymkana era una locura. A nuestros veintitantos retoños había que sumar los de otros cuatro o cinco cumpleaños (los nuestros eran los más pequeños). Había niños gritando, corriendo, saltando, bailando, llorando, jugando al balón y gritando todavía más por cualquier lado donde mirases. Por un momento me puse en la piel de los monitores del centro y me entraron escalofríos... Pero bueno, el acontecimiento resultó bastante exitoso, lo niños se lo pasaron bien y los padres tuvimos algunos momentos de charla y tranquilidad.

Segundo día

La fiesta del sábado no tuvo que ver directamente con los cumpleaños, pero bien vale de nexo entre el viernes y el domingo (y como dirían los expertos: da coherencia al relato...).

Se celebraba en el Pabellón Multiusos de Cáceres la XIII Gimnastrada Internacional. Nuestros pequeños de la guardería interpretaban "El país de las letras", actuación estelar que abría el evento. Pese al cansancio -muchos de ellos estuvieron de fiesta el día anterior-, hicieron un papel más que aceptable (tratándose de niños de 2/3 años...) Más tarde, con la premisa de que cada uno trajera algo para tomar un pequeño piscolabis con los padres y educadoras, invadimos un parque cerca del pabellón (creo que se llama Parque de Israel) y estuvimos comiendo y bebiendo desde las once de la mañana hasta las dos de la tarde, mientras los niños -todos con pantalones vaqueros y camiseta roja con su nombre y el nombre de la guardería- campaban a sus anchas por la zona de juegos y entre las mesas de camping llenas de comida... Casi treinta pequeños vestidos de vaquero y rojo en estado semi-salvaje... Épico.

Tercer día

El domingo, día del cumpleaños de Olga de verdad, tocaba celebrar la fiesta con abuelos, tíos y primos. Así que pusimos broche final al fin de semana con una copiosa comida familiar y una larga sobremesa de cafés y tarta. Durante todo el día estuvieron desfilando por casa varios familiares y amigos, y al llegar la noche, cuando los últimos abuelos se despidieron y capeamos el último sofocón de la niña -que no quería que la gente se fuera-, la quietud volvió a nuestras vidas.

Ha sido un fin de semana frenético y agotador. Esta mañana, cuando el despertador sonó a las seis y cuarto, se me vino el mundo encima y maldije al canalla que creyó que quitarnos una hora de sueño al llegar la primavera era una gran idea... Pero en fin, la niña ha tenido un fin de semana del que seguramente se acordará mucho tiempo.

lunes, 27 de febrero de 2012

Beta tester

Siempre he pensado que el trabajo de beta tester tenía que ser la leche. Me imagino que, acuciado por la falta de tiempo para pasar unas cuantas horas con algún videojuego, he fantaseado a menudo con la idea de que ese sería el trabajo ideal. Luego, pensándolo más en frío -y con el recuerdo del picorcillo de alguna buena sesión de juego en los ojos- imagino que hasta de los videojuegos puede acabar uno hasta el gorro (aunque puedo asegurar que, por el momento, no es ese el caso. Un buen amigo me regaló hace un par de días un juego, "Deus Ex: Human Revolution", y a penas he podido instalarlo..., por lo que todavía estoy más que lejos de estar cansado...).

Hay otra cosa que siempre me ha gustado bastante: comer bien. Y este fin de semana, gracias a unos amigos, he podido ser, por una tarde, un beta tester un tanto especial: probador de menús de boda. Dichos amigos han tomado la decisión de dar un paso más en su relación y han resuelto organizar un buen bodorrio. Así que me sentí muy honrado cuando el novio, a la sazón compañero de trabajo, pensó en mi como el pobre desgraciado que aceptaría venir a comer a las cuatro y media de la tarde...

Tengo que reconocer que al principio me daba un poco de vergüenza, pero finalmente mi curiosidad venció a mi timidez y acepté. Nunca había estado en una prueba de menús -la de mi propia boda se limitó a cenar con mi mujer (entonces novia) en el restaurante en el que celebramos la boda, donde nos sirvieron, sin opciones ni parafernalia, el menú que previamente habíamos elegido...-. Además, la única persona a la que no conocía era la madre del novio -que me pareció encantadora-. A la novia la conozco desde hace lo menos quince años (casi lo mismo que a sus padres), y al novio hará ya seis (empezó siendo un compañero de trabajo de opiniones y actitudes interesantes y hoy ya puedo contarle entre mis amigos). Así que me dije: que demonios, con esta crisis no está la cosa para rechazar una buena comida... ¡Y que comida oigan!

A las cinco y pico de la tarde, ya había perdido la cuenta de los entrantes que habíamos probado -no sé, debieron ser catorce o quince-. Aún así intentaba mantener el tipo, aclarándome la boca con un sorbo de agua, para poder dar una opinión algo más elaborada sobre los matices concretos de cada delicia; a fin de cuentas confiaban en mí para ofrecer un dictamen objetivo que les ayudase a tomar una decisión. Hasta aquel día la comida, para mi, estaba buena o mala, punto. Así que fue un esfuerzo sublime elegir entre quince bocados cojonudos... Luego llegaron los primeros -cuatro cremas frías o tibias-, los pescados -otros cuatro finos platos-, las cuatro carnes -para chuparse los dedos- y cinco postres hipercalóricos -con los que la novia, y yo mismo, ya perdimos la compostura-... ¡Ah!, y tres buenos tintos para regarlo todo... Al final ni matices ni leches, estaba felizmente empachado, ligeramente ebrio y con el paladar hecho un lío... Fue una experiencia gratificante, no sé si para dedicarme a ello profesionalmente, pero desde luego gratificante...

Sólo resta decir una cosa: ¡Buena suerte chicos! Gracias por acordaros de mi para este evento y nos vemos en la presentación de la versión estable.

viernes, 25 de marzo de 2011

Efeméride

El día la saludó, como cada mañana, proyectando esos divertidos puntos de luz que tanto le gustaban en las paredes de la habitación. Se incorporó en la cama con su fino cabello totalmente revuelto, se desperezó y miró a su alrededor. Se dejó caer de nuevo sobre la cálida almohada y coqueteo con la posibilidad de volver a dormirse. Aunque era atractiva, enseguida renunció a esa idea, volvió a incorporarse y se quedó sentada con las piernas cruzadas, haciendo un tremendo esfuerzo por mantener los ojos abiertos. Se los restregó, a veces eso funcionaba. Bostezó, y volvió a mirar lo que la rodeaba.

Por la cama y en el espacio que quedaba entre el cabecero y la pared estaban desperdigados casi todos sus amigos: Pu la observaba desde el rincón. Gatito, Elly y Pato, Chulú y unos cuantos compañeros blanditos más, parecían sonreírle aquella mañana. Entre las almohadas y el edredón pudo ver a Kino, al Burrito y a la Vaca. Alargó la mano para coger a Kino y lo tomó entre sus brazos. Todavía permaneció sentada unos instantes observando su habitación.

Recordó algo gracioso del día anterior y lo rememoró en voz alta sonriéndose. Luego la imagen de un niño de la guardería quitándole un juguete la disgustó un instante, pero duró poco.

Tenías una sensación peculiar en el estómago, era como cuando papá le hacía cosquillas, pero por dentro. Lo cierto es que, desde hacía unos días, todos andaban un poco revolucionados. En la guardería hablaban de coronas, tartas, globos y aspitos. Mamá y papá habían comprado un montón de cosas y mamá incluso había hecho un bizcocho. Las abuelas decían cosas raras por teléfono y parecían especialmente alegres... En fin todo el mundo estaba muy contento. Era como si fuera a ocurrir algo especial.

De pronto escuchó una voz agradable y familiar. Miró hacia la puerta de la habitación y se le iluminó la cara. Allí estaba mamá, sonriendo y cantando una canción que conocía bien. ¡Hoy era su cumpleaños! Mamá se acercó y le preguntó: -"¿Cuántos años cumple hoy mi niña?"- La pequeña dejó a Kino entre sus piernas cruzadas, estiró un dedo de cada una de sus manitas y dijo alto y claro:-"¡DOS!"-.