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lunes, 30 de mayo de 2011

El arte de la paz

El pasado sábado 28 de mayo ha tenido lugar en Madrid un magnífico curso de aikido, impartido por el maestro Yasunari Kitaura. En esta ocasión se ha tratado de un curso con fines benéficos, donde la recaudación se destinaba a las víctimas de la reciente catástrofe de Japón. El evento tuvo lugar en las estupendas instalaciones del Centro de Alto Rendimiento de la capital, y como de costumbre Kitaura no decepcionó al gran número de participantes.

En estos días se cumple mi séptimo aniversario en esta práctica marcial. Pese a que en los últimos dos años mi dedicación se ha visto reducida a uno o dos días de entrenamiento a la semana (algunas veces ni siquiera eso), es una actividad que me sigue apasionando y que continúo recomendando como el primer día. Por temporadas, el aikido llega a ser la única actividad física que me permito y que no estoy dispuesto a abandonar. Por no hablar de que, en numerosas ocasiones, un par de horas de práctica me han ayudado a mantener el equilibrio mental en los días en que éste flaqueaba.

Todavía me cruzo con mucha gente que me pregunta: "Eso del aikido ¿Es lo que hace Steven Seagal?...". Después de siete años recorriendo este camino, no puedo evitar que esa pregunta me arranque una sonrisa. A fin de cuentas esas fueron las palabras, casi letra por letra, con las que yo interrogué al que hoy es mi instructor cuando le conocí hace ya bastante tiempo.

Es muy difícil explicar qué es el aikido, porque difiere bastante de muchas otras artes marciales más conocidas y populares. Desde su concepción filosófica, pacífica y no violenta, hasta sus principios físicos y combativos, es un arte complejo. Es algo que hay que probar. Luego, si el primer bocado te engancha, tendrás que armarte de paciencia y tomarte unos pocos años para empezar a tener una ligera idea.

El pasado domingo, en Canal Extremadura TV, se emitió un pequeño documental, dentro del programa Metropolita, en el que podéis echar un primer vistazo a la actividad que desarrollamos... Por cierto, no os confundáis; el programa se compone de cuatro reportajes, nosotros somos los del segundo; el primero va sobre un sex-shop de Badajoz -sé que esto va a traer coñas, seguro-, una opción de ocio tan buena como las otras o incluso mejor, por lo menos que el billar y la ópera (tercer y cuarto reportajes respectivamente) :D.

Actualización, 8 de junio de 2011

Parece ser que Canal Extremadura no tiene un repositorio permanente de videos en su propio sitio, por lo que nuestro reportaje ha dejado de estar disponible en esa web. Afortunadamente lo han subido a YouTube y algún avispado compañero lo ha enlazado en la web de nuestra asociación.

jueves, 28 de abril de 2011

El Follonero

Un buen día, a principios de abril, a primerísima hora de la mañana, recibimos un correo del jefe de servicio, en un correctísimo lenguaje no sexista lleno de arrobas. Se nos pedía desde instancias superiores que permaneciéramos en nuestros puestos a partir de cierta hora, porque una televisión local iba a venir a realizar una grabación (por enésima vez). El Servicio de Informática es especialmente proclive a ser objetivo de estas filmaciones, y ello debe ser porque como estamos más apiñados que en ningún otro sitio, colocan la cámara en la puerta y, con el ángulo adecuado, pillan a mogollón de gente que además ofrece buenas secuencias de trabajadores abnegados y ojos enrojecidos.

Como fuera que aquel día me pilló de especial mala leche, mi primera reacción del momento estuvo plagada de vilipendios y exabruptos que no citaré textualmente, para que no se me acuse de utilizar de forma desmedida tan duro (aunque estimable) recurso literario. En un lenguaje algo más moña y políticamente correcto fue algo así: "Después de haber sido penalizado en mi estipendio y de haber soportando inicuas tropelías, no me sale de la hombría que me exhiban otra vez como a un prostituido cuadrumano…" -y el que quiera que lo traduzca-. El caso es que probablemente hubiera bastado con una afirmación un poco más moderada, un simple "tengo derecho a que no me graben" habría bastado, pero como digo, ese fue un día un poco malo, y lo primero que me paso por la cabeza, así como lo primero que seguramente anuncié a mis compañeros de mesa sin pensarlo demasiado, fue digno del Bruce Willis más chungo de La Jungla. El caso es que me propuse desaparecer con cualquier excusa. Luego resultó que me surgió una reunión en otro servicio y que la tele ni siquiera subió a nuestra sala, cosa que después de todo, no hubiera estado tan mal.

Resulta que al final no fue un canal local de televisión el que se estuvo paseando por las oficinas, sino el programa del polémico y afamado Follonero. La verdad es que habría estado bien que se hubieran pasado por en Servicio de Informática. Así hubiera podido sacar en la tele el estado de hacinamiento en el que trabajamos, o las deficientes vías de evacuación. El adorable y cabroncete Jordi Ébole podría haber inhalado unas bocanadas de este aire cargado y apestoso que respiramos a menudo, y le habríamos ofrecido gustosos un primer plano de un pequeño termómetro que tenemos sobre la mesa, donde a eso de la una y media se veían unos refrescantes 28ºC...

Claro que lo más probable es que haga otro de esos programas que tanta fama le han dado, donde ofrecerá los cortes adecuados, acompañados de ingeniosos comentarios, para poner a caer de un burro a los empleados públicos, justificar que nos hayan bajado el sueldo porque nos lo merecemos (sugiriendo que, si es posible, nos lo bajen un poco más) y aportar su mediático granito de arena a la ya de por sí deteriorada imagen de las Administraciones. Lo gracioso es que lo hará con toda la justificación y razón del mundo a juzgar por el comportamiento de muchos de los trabajadores de esta santa casa.

Estando yo de reunión, pude ver y escuchar a un buen montón de personajes corriendo en tropel por los pasillos: "Ha venido el Follonero vamos a verlo...", "A ver si nos saca...", "Corre, corre, vamos a ver si lo pillamos...". Como si hubiera vendido a vernos una estrella de rock y ellos fueran gruppies descontroladas. Más tarde, a la hora de salir, junto a las máquinas de control horario donde fichamos, otro comentaba entusiasmado cómo el bueno de Jordi había entrado por sorpresa en su Servicio, saludando amistosamente antes de que las cámaras entrarán a saco para pillar a alguno con el culo al aire... Parecía que acababa de darle un beso a Hannah Montana... Pero a ver tontazos ¿No veis que ha venido a poneros a caldo? ¡Por Dios mostrad un poco de dignidad! Lamentablemente esto no viene si no a demostrar, una vez más, que tenemos lo que nos merecemos. Amantes del famoseo. De los de hay que asomar la geta en la tele aunque sea para que te la partan y en definitiva, de nuevo, el pan y el circo.

No he visto el reportaje (creo que se emite este viernes), pero me temo que no voy a equivocarme demasiado a tenor del enlace con la premier de los próximos reportajes de Jordi Ébole.