Mostrando entradas con la etiqueta Amigos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Amigos. Mostrar todas las entradas

miércoles, 24 de octubre de 2012

La primera carta

En un mundo cada vez más tecnológico, donde las comunicaciones no virtuales son cada vez más anecdóticas, Olga ha recibido su primera carta en papel, y viene, ni más ni menos, de Carolina del Norte. Unos buenos amigos a los que, por cierto, se les cae la baba con la niña :), le han mandado un pequeño obsequio con motivo de la cercana festividad de Halloween: una cajita de cartón llena de pegatinas de murciélagos, calabazas y fantasmas. Pegatinas que, todo sea dicho, ya adornan buena parte de los muebles de su habitación y algún que otro muñeco...   

Muchas gracias chicos. Es genial sentir que alguien nos tiene tan presentes al otro lado del Atlántico.


jueves, 15 de marzo de 2012

Vuelta a La Reserva

Desde hacía tiempo veníamos hablando con otros padres de realizar una escapada para que nuestros hijos pasaran tiempo juntos fuera de la guardería (y al mismo tiempo estrechar lazos nosotros). Como todos los niños, Olga tiene una relación más estrecha con algunos compañeros y compañeras de la clase, especialmente con dos niñas. Tanto es así que se han ganado varios apodos cariñosos de las cuidadoras, como "las Tres Divinas" o "el Trío Lalala".

Finalmente, hemos logrado movilizar un pequeño grupo, cuatro parejas (sumábamos seis niños, así que por lo menos los adultos éramos mayoría). A las Tres Divinas de la guardería se sumó una cuarta, prima de Olga (de la misma edad); otra pequeña de algo más de un año, y un único chico, un año mayor que las niñas, que pensó que por ser el único chico y ser el mayor iba a tener muy fácil lo de ser el jefe (bendita inocencia...).

El destino fue la Reserva del Castillo de las Guardas, donde nosotros ya habíamos estado el año pasado por estas fechas. Esta vez no hicimos la locura de ir y volver en el día y reservamos hotel para la noche del sábado. Lo que mejoró sustancialmente la experiencia.

Llegamos el sábado sobre la una, tras un viaje bastante tranquilo (salvo por algún malentendido con el GPS, cosa que ya viene siendo tradición...). El Hotel está cerca de La Reserva, en la recreación de un viejo poblado del Far West. La zona de las habitaciones parece un destartalado edificio de madera con un rótulo que reza: "Hotel Fort West Barranco". Pero cuando entras, las estancias sorprenden (es bastante nuevo, de 2008 creo, y está limpio y bien cuidado). Desde nuestra ventana veíamos la pequeña iglesia y la oficina del sheriff. Fuera, en la calle desierta, todo tiene un aspecto un poco desvencijado. Carromatos y viejas diligencias esparcidas aquí y allá adornan todo el conjunto. En realidad, cuando no hay actuaciones y visitantes caminando por todas partes, tiene más pinta de pueblo fantasma del oeste que de otra cosa... Cruzando una polvorienta plaza, presidida por un viejo molino, está "The Mines Saloon", que hace las veces de comedor, lugar de reunión y sala de espectáculos... Reconozco que, como yo soy algo peliculero, he disfrutado bastante del lugar. 



Hicimos el check in y comimos mientras veíamos el típico espectáculo de indios y vaqueros. Resulta un poco rancio lo se, pero a los niños les gustó, sobre todo los caballos al galope. Cuando se es padre hay que renunciar a cosas más cool y quedarse con el entretenimiento más sencillo... Por la tarde, todos los pequeños se saltaron la siesta y nos fuimos a recorrer la reserva de animales. Los niños disfrutaron excitados viendo emús, cebras y un sinfín de animales a un metro de sus manos; los mayores también, aunque estábamos más pendientes de los enanos, de que sus dedos no estuvieran demasiado cerca de picos y dientes, y de que no se comieran todo el pan -rancio y duro- que nos habían dado para alimentar a los animales y que poco después de empezar la excursión les dio por mordisquear... 


Más tarde, tras los baños y duchas de rigor, nos reunimos todos en el Saloon para cenar. El escenario vacío hizo las delicias de nuestras pequeñas artistas, que hicieron un repaso a todo el repertorio de canciones de la guardería. Luego durante la cena "disfrutamos" de un espectáculo musical... ¿cómo decirlo sin ser irrespetuoso?..., un tanto desproporcionado y estridente. Pero bueno, a la mayoría de los niños les gustó; no tanto así a Olga, que a esa hora estaba ya que no podía con su alma (ha estado bastante malilla y, aunque se ha recuperado, su cuerpo no aguanta todavía mucha guerra...). Así que a las diez y media ya estábamos en la habitación y poco después profundamente dormidos.

Comenzamos el domingo, con un copioso desayuno y volvimos a la reserva para ver la exhibición de aves de cetrería y el espectáculo de los leones marinos. Paseamos un rato viendo algunos animales más y comimos en un restaurante del parque (llenamos un pequeño comedor y resultó una comida bastante bulliciosa gracias a una legión infantil revolucionada...). Luego, aprovechando el cansancio acumulado y el sopor de los estómagos llenos, repartimos a toda la tropa en los coches y emprendimos el viaje de vuelta... No se los demás, pero Olga cayó rendida cinco minutos después de abandonar el recinto de la reserva, y por primera vez en su vida, durmió casi dos horas y media seguidas en el coche, prácticamente todo el viaje de vuelta.

Paso de hacer más monadas hasta que alguien me tire un platano...
Después de varias semanas en las que parecía que la niña no levantaba cabeza, entre fiebres, mocos y toses, ha sido un estupendo fin de semana, no sólo por haber desconectado de trabajos, rutinas y quebraderos de cabeza, sino también porque, pese a ciertos momentos de bajón, hemos visto a la pequeñaja correr, jugar y disfrutar como hacía bastante tiempo que no la veíamos.

lunes, 27 de febrero de 2012

Beta tester

Siempre he pensado que el trabajo de beta tester tenía que ser la leche. Me imagino que, acuciado por la falta de tiempo para pasar unas cuantas horas con algún videojuego, he fantaseado a menudo con la idea de que ese sería el trabajo ideal. Luego, pensándolo más en frío -y con el recuerdo del picorcillo de alguna buena sesión de juego en los ojos- imagino que hasta de los videojuegos puede acabar uno hasta el gorro (aunque puedo asegurar que, por el momento, no es ese el caso. Un buen amigo me regaló hace un par de días un juego, "Deus Ex: Human Revolution", y a penas he podido instalarlo..., por lo que todavía estoy más que lejos de estar cansado...).

Hay otra cosa que siempre me ha gustado bastante: comer bien. Y este fin de semana, gracias a unos amigos, he podido ser, por una tarde, un beta tester un tanto especial: probador de menús de boda. Dichos amigos han tomado la decisión de dar un paso más en su relación y han resuelto organizar un buen bodorrio. Así que me sentí muy honrado cuando el novio, a la sazón compañero de trabajo, pensó en mi como el pobre desgraciado que aceptaría venir a comer a las cuatro y media de la tarde...

Tengo que reconocer que al principio me daba un poco de vergüenza, pero finalmente mi curiosidad venció a mi timidez y acepté. Nunca había estado en una prueba de menús -la de mi propia boda se limitó a cenar con mi mujer (entonces novia) en el restaurante en el que celebramos la boda, donde nos sirvieron, sin opciones ni parafernalia, el menú que previamente habíamos elegido...-. Además, la única persona a la que no conocía era la madre del novio -que me pareció encantadora-. A la novia la conozco desde hace lo menos quince años (casi lo mismo que a sus padres), y al novio hará ya seis (empezó siendo un compañero de trabajo de opiniones y actitudes interesantes y hoy ya puedo contarle entre mis amigos). Así que me dije: que demonios, con esta crisis no está la cosa para rechazar una buena comida... ¡Y que comida oigan!

A las cinco y pico de la tarde, ya había perdido la cuenta de los entrantes que habíamos probado -no sé, debieron ser catorce o quince-. Aún así intentaba mantener el tipo, aclarándome la boca con un sorbo de agua, para poder dar una opinión algo más elaborada sobre los matices concretos de cada delicia; a fin de cuentas confiaban en mí para ofrecer un dictamen objetivo que les ayudase a tomar una decisión. Hasta aquel día la comida, para mi, estaba buena o mala, punto. Así que fue un esfuerzo sublime elegir entre quince bocados cojonudos... Luego llegaron los primeros -cuatro cremas frías o tibias-, los pescados -otros cuatro finos platos-, las cuatro carnes -para chuparse los dedos- y cinco postres hipercalóricos -con los que la novia, y yo mismo, ya perdimos la compostura-... ¡Ah!, y tres buenos tintos para regarlo todo... Al final ni matices ni leches, estaba felizmente empachado, ligeramente ebrio y con el paladar hecho un lío... Fue una experiencia gratificante, no sé si para dedicarme a ello profesionalmente, pero desde luego gratificante...

Sólo resta decir una cosa: ¡Buena suerte chicos! Gracias por acordaros de mi para este evento y nos vemos en la presentación de la versión estable.

lunes, 10 de octubre de 2011

El vídeo del lunes

Hoy es lunes. Todos sabemos lo que eso significa. Para un sup3ia (bueno, también para todos los demás seres humanos currantes de clase media...) es con toda certeza el peor día del año... ¡Y ocurre todas las semanas!. Sin embargo, hoy, leyendo el blog de un amigo -que seguramente también ha empezado el lunes un poco jodido- he tenido una idea (seguramente nada original) para empezar cada semana de otra manera. Para mi supone todo un gran paso en mi lucha contra el pesimismo, y es tan fácil como hacer una rápida búsqueda online a primera hora de la mañana... A ver si consigo ser constante en esto. Gracias Gandalf.


Creo que el vídeo ya tiene un tiempo, pero bueno, a mi me vale, no lo había visto y ha cumplido su objetivo: una sonrisa el lunes por la mañana (En realidad es la segunda, la primera me la ha arrancado el vídeo compartido por mi buen amigo Gandalf) Los niños dan bastante juego para esto. Por el momento permitir que me aproveche de los padres incautos que cuelgan vídeos de sus querubines en YouTube. Yo por ahora prefiero mantener a mi hija en un moderado anonimato digital -aunque realmente hay veces en las que lamento no grabarla en vídeo-.

jueves, 29 de septiembre de 2011

Pinceladas autobiográficas: El SUP3IA friki ¿nace o se hace?

[...] Friki o friqui (del inglés freak, extraño, extravagante, estrafalario, fanático), es un término coloquial, no aceptado actualmente por la Real Academia Española, que se refiere a aquellas personas específicamente interesadas (en algunos casos de manera obsesiva) hacia los temas de la denominada cultura friki: la ciencia ficción, la fantasía, el manga, el anime, los videojuegos, los cómics y la informática, entre otros. [...]. (Extracto de la Wikipedia)

¿Qué por qué he empezado con el párrafo anterior? Fácil. Aunque la mayoría de las pocas personas que leen esto ya saben de que voy ha hablar, la acuñación del termino friki tiene una historia dolorosa y un pasado oscuro. Jamás podría perdonarme destruir a mi familia si alguien desinformado o con mala fe, les dijera que voy por ahí como Paco Porras, con una ensalada César por sombrero, o travestido e hiper-siliconado como Carmen de Mairena... No podría vivir con eso.

Aclarado esto, y cogiendo una acepción del termino que se ha ido dignificando con el tiempo, yo tiendo a definirme como un friki multidisciplinar. Desde que puedo hacer memoria, he tenido cómics entre las manos; adoro la ciencia-ficción, las fantasías épicas y el terror (en libro y en película); me encantan los videojuegos; he disfrutado de bastantes juegos de rol y, finalmente, he hecho de la Informática mi profesión (aunque a veces me arrepienta). Por si fuera poco he coleccionado espadas y practico artes marciales... Si es que es un milagro que todavía no haya hecho alguna barbaridad (aunque he de confesar que una vez maté un gorrión con mis propias manos... Una amiga lo trajo a casa, tenía el cuello partido y estaba medio muerto. Yo no sabía que hacer -no tenía collarín para gorriones- y... bueno, eso es otra historia. Lo del rol es lo que tiene, que te convierte en un asesino despiadado...)

Sin embargo no he llevado ninguna de esas aficiones al grado de obsesión, supongo que porque son demasiadas y no he tenido tiempo de obcecarme con ninguna -de hecho siempre me he quejado de tener demasiados hobbies en proporción a mi tiempo de ocio-. La que probablemente si ha sido una constante en mi vida ha sido mi inclinación por los cómics, ya no tanto leerlos, sino más bien dibujarlos, lo que desde siempre ha sido una pasión (que últimamente tengo abandonada). Cada día se me cruzan por la imaginación escenas de mi vida en forma de viñetas, que espero poder dibujar algún día. Y entre mis notas y diagramas del trabajo no es difícil encontrar rápidos bocetos de cosas que me pasan por la cabeza.

Supongo que para mí, en esto de la cultura friki, el punto de inflexión fueron los juegos de rol. Hasta entonces, lo mío era onanismo intelectual: videojuegos, cómics y libros... Pero la primera vez que quedé con unos cuantos amigos para jugar una partida de "Mutantes en la sombra" fui consciente de mi interés por esta clase de subcultura. Creo que entonces el término friki todavía no era de uso común, pienso que "tío raro que prefiere quedar con amigos en casa para comer unas pizzas y jugar a cosas raras en lugar de salir de juerga" estaba más extendido (lo cierto es que la palabra friki nos ha facilitado bastante las cosas...). Desde entonces he sido un semi-elfo un poco sarasa, un jinete del poni-express, un vampiro de origen turco con bastante mala leche, un arqueólogo con látigo y sombrero (sí, qué pasa, me mola Indiana Jones y me copié...), amén de varios demonios, ladrones, asesinos, mendigos, prostitutas, recaudadores de derechos de autor y otros personajes secundarios de mal vivir cuando me tocaba dirigir alguna partida.

Cuando llegué a la universidad, tuve la suerte de encontrarme con bastante gente de intereses parecidos. La Informática es lo que tiene, que atrae a mucho bicho raro. No seremos capaces de hacer piña para defender nuestra dignificación profesional, pero como pongas sobre la mesa un buen juego o propongas una red se te llena el chiringuito... El caso es que con ciertos compañeros de carrera he pasado algunas de las mejores tardes de juegos de mesa (tardes que muchas veces se prolongaban hasta altas horas de la madrugada). No hay nada más divertido que ver a unos cuantos amigos, a los que tenías por gente formal, completamente enajenados interpretando sus roles de guerreros y hechiceros. Y si en el grupo había chicas (que solía haberlas -y eso que no era habitual encontrar muchas roleras-, con las que a más de uno no le habría molestado tener un affaire) la situación podía volverse completamente delirante y desternillante.

Otra afición que llegó a mi vida, casi por accidente, fueron los wargames. Esos juegos de mesa geniales en los que se despliegan miniaturas y dados sobre un tablero para desarrollar batallas. La verdad es que originalmente mi intención, cuando compré mis primeras figuras, fue dar rienda suelta a mi vena artística pintando pequeños guerreros (con sus cuernecitos, sus hachitas ensangrentadas y sus monísimas caritas de mala leche...). Luego un amigo me dijo: "Pues con las figuras que tienes podrías hacerte un pequeño ejercito y probar...". Probé, me enganchó y seguí comprando miniaturas a mayor ritmo del que podía pintarlas.

Y que voy a contar de aquellas escabechinas de ratón y teclado, con nocturnidad y alevosía. Que tiempos aquellos en los que podía pasarme siete horas jugando, con los ojos resecos, pegados a la pantalla del ordenador, y casi sin pestañear ni despeinarme... Ahora, después de un par de horas estoy para que me hagan un trasplante de córnea, y eso que de las dos horas una me la paso comiendo porquerías...

Hoy día mi friki interior subsiste, desnutrido, con algún cómic, alguna partida de wargames ocasional y una red al año. Me he hecho "adulto", en parte por iniciativa propia y en parte por imperativo de la vida. De todas formas nunca se es demasiado mayor para ser un friki; es más una cuestión de disponer de tiempo para volver a retomarlo (y usar unas gafas bien graduadas). Las tres primeras palabras que aprendió mi hija fueron mamá, papá y chulú, le encanta sentarse conmigo en el ordenador y toquetear el teclado, y el otro día me pidió jugar a la Wii (sin que todavía sepa muy bien qué es eso). Es esperanzador. Mientras tanto, mis libros de rol, mis videojuegos y docenas de miniaturas sin pintar aguardan el momento en que un padre los desempolve para ceder el testigo a una hija y acompañarla en sus primeros friki-pasos... ¡Por Dios, qué no me salga choni-poligonera...!

lunes, 11 de abril de 2011

El Manhattan del Mediterráneo

Gracias al inesperado mecenazgo de unos amigos, la última semana de marzo hemos podido disfrutar de unas precoces vacaciones en la Costa Blanca. Una llamada y una propuesta:-“¿Os queréis ir una semana a Benidorm? Nos ha tocado una estancia de una semana con pensión completa y no podemos ir…”. Miré a Cris con una sonrisa de oreja a oreja. Hicimos las convenientes gestiones en el trabajo y un par de días después aceptamos el regalo.

El domingo 27 de marzo, cargamos el coche y nos metimos para el cuerpo 750 kilómetros. Tras algo menos de 10 horas de viaje, con varias paradas para comer o para que la enana se desfogase, y apurando al máximo el deposito de gasoil y los dichosos 110 Km/h, llegamos a Benidorm (GPS mediante).

Lo cierto es que Benidorm me sorprendió gratamente. Toda vez que yo esperaba encontrarme con otra ciudad de playa feúcha y algo sucia, resulta que llegamos a una pequeña Manhattan en la costa de Levante. Flanqueada por sierras y montañas, presenta una atractiva silueta urbana de rascacielos, y un bonito perfil costero. Así mismo posee amplios paseos, avenidas y bonitos miradores. 

Panorámica de la costa desde un magnífico mirador
Los que la conocen de otros tiempos, dicen que ha perdido mucho de su antiguo esplendor, que la marcha ya no es lo que era y que la ciudad ha sido tomada por la tercera edad. La verdad es que no puedo emitir juicios al respecto. No había ido nunca a Benidorm y para ser sinceros, cuando vas en familia, con una niña pequeña, y a las diez tienes que estar en la habitación del hotel, viendo la tele con el volumen bajito para no despertarla, la marcha es lo de menos. Sí que es cierto que cuando entrábamos en el comedor del hotel, la media de edad bajaba radicalmente; sobre todo los primeros días. Pero luego llegaron algunas parejas más jóvenes, algunas incluso con niños. Tampoco andaba escaso el hotel de extranjeros, sobre todo alemanes e ingleses, algunos de ellos relativamente jóvenes también. Había un grupo de estos últimos, en torno a los treinta y muchos o cuarenta y pocos, barrigones, con pinta de hooligans y pulseritas naranjas –todo incluido- que desayunaban con vino y empezaban a clavarse cubatas a las diez y media de la mañana. Un día por la noche vi a uno de ellos dando tumbos por el salón, con la mirada vidriosa y haciendo unas eses que parecían ochos. Fue una de esas situaciones en las se te pasa por la cabeza que puede haber follón, pero decides quedarte un poco más a ver que pasa. El tío cogió un cigarrillo de liar que le dio un compatriota, y sin decir esta boca es mía, se fue con sus eses por donde había venido, en dirección al recinto de la piscina, donde se permitía fumar.

El general y salvo algún problema con la climatización de la habitación, la estancia en el hotel Agua Azul ha sido agradable. El personal del servicio ha sido muy atento, especialmente con la niña, que se ha venido a casa empachada de mimos y carantoñas, tanto de los empleados como de las docenas de improvisados y anónimos abuelos. El buffet, en desayuno, comida y cena, era bastante respetable y variado; y las instalaciones limpias y confortables.

Por lo demás, la semana nos ha servido para descansar y desconectar un poco de la rutina. Es triste decir que a finales de marzo ya necesites unas vacaciones, pero lo cierto es que nos han venido muy bien. Hemos tenido bastante buen tiempo, aunque no lo suficientemente caluroso como para pasarnos el día en la piscina o en la playa. Sin embargo si hemos ido un par de tardes a caminar, a jugar con la arena y a tontear un poco con las olas en la orilla. Yo incluso me di un breve y nostálgico baño uno de los días. Echaba de menos bañarme en el Mediterráneo y lo cierto es que, después de la experiencia, me atrevería a decir que es mucho más osado bañarse en algunas piscinas naturales del Jerte o la Vera en pleno mes de agosto.

Aunque Aqualandia y Terra Mítica, aun estaban cerrados, si que visitamos sus zoológicos temáticos: Mundo Mar y Terra Natura. Cientos de animales -en ocasiones sin ningún tipo de barrera física- organizados en recintos que recrean sus zonas geográficas y entornos, y espectáculos de leones marinos y delfines, hicieron las delicias de la niña... Bueno y las nuestras (¬_¬U. Porque lo cierto es que yo flipé con los delfines y los grandes felinos, y me volví loco haciendo fotos... Ambos parques están fantásticamente habilitados para recorrerlos con niños pequeños y sillitas. Ofrecen estupendos paseos ambientados con música y sonidos de la naturaleza y además, como estamos en temporada baja, los recorridos y espectáculos no estaban nada saturados. En ocasiones caminábamos los tres solos, perdidos entre vegetación y animales, lo que era una sensación muy grata.

Una llama con un serio problema dental...
Con estas visitas y con la anterior a la Reserva del Castillo de las Guardas, casi podríamos bautizar el mes de marzo como nuestro particular mes de la biosfera y la diversidad animal. Creo que puedo decir, sin temor a equivocarme, que en un mes, he visto más bichos vivos que en toda mi vida, y lo cierto es que me ha encantado.

Otra vez los emús. Definitivamente no me gusta un pelo como me miran estos bichos...
Vamos, que al final la semana se ha hecho corta. Tanto la enana como sus padres han disfrutado de lo lindo. Sin obviar algún sustillo –Olga parece haberle cogido el gusto a aterrizar de cabeza desde la cama cada vez que vamos a un hotel, y no hemos podido renunciar a la tradicional visita al centro de salud de turno-, el balance ha sido muy positivo y hago público desde aquí mi agradecimiento a nuestros benefactores.

Olga jugando al escondite con un cachorro de tigre.

lunes, 10 de enero de 2011

SUP3IA

Esto que parece el nombre de lo último de la industria farmacéutica en supositorios de glicerina, no es otra cosa que mi nuevo proyecto de publicación a-periódica online. En estos tiempos de acrónimos, siglas y mensajes ininteligibles de teléfono móvil, ¿de qué otra forma podía decir esto en la vasta comunidad virtual?: Soy Un Puto Pesimista Pero Intento Arreglarlo.

Sabía yo que no podría aguantar demasiado después de tomar la controvertida decisión de dejar de escribir "Soulseeker". Esto me gusta demasiado, y aunque me había hecho el propósito de participar más activamente en otros fueros virtuales como Facebook, lo cierto es que por cada cosa interesante que leo en los muros, me encuentro con cincuenta paridas que me echan para atrás. Lo siento por mi potencial millón de "amigos". Se que hay mucha buena gente conectada, muchos de ellos son Amigos de los de "A" mayúscula, de los de charla y café; e incluso hay buenos compañeros de trabajo con los que me une una relación cordial. Pero sinceramente, las peticiones de amistad de la gente que ni siquiera me dirige la palabra en la oficina, me hacen sentir como una de esas figuritas de las colecciones por fascículos y la verdad es que me jode bastante…

En fin, pese a esta profesión que he elegido, soy un tío bastante normal, me gusta ver la cara de la gente cuando nos reímos juntos de algún off-topic, disfruto poniéndole un café por delante a mi lista de contactos y prefiero que mi sala de Chat no sea virtual… qué le voy a hacer… En lugar de un millón de amigos tendré diez, pero podré darles una palmada en el brazo en lugar de usar emoticonos para dar énfasis a mis palabras.

Lo del blogging, sin embargo, es otra historia. Viene a ser casi lo mismo que escribir un diario, pero con algo menos de intimidad. Para la mayoría de las personas que se lo toman en serio supone un desfogue, una manera de volcar ideas, sentimientos, frustraciones y alegrías que es muy difícil contener dentro. Una forma de recabar opiniones, apoyos y discrepancias de personas que realmente están interesados en lo que cuentas y que pueden mantener la atención en escritos de más de 140 caracteres… Adicionalmente, al menos en mi caso, te obligas a realizar un esfuerzo extra para organizar tus ideas y escribirlas con una forma y estilo aceptables, aunque sea por evitar hacer el ridículo ante los eventuales lectores… Algunos incluso tenemos un ego tan desarrollado que aspiramos a una buena crítica ante un artículo bien escrito, y eso quieras que no, le anima a uno el día. Lo que siendo un Puto Pesimista ayuda bastante.

¿Por qué SUP3IA? Bueno, básicamente porque lo soy. El problema es que cada vez afecta más a mi vida diaria y estoy cansado de andar con la cara larga los días que mi pesimismo me puede. En ese sentido quiero hacer algo diferente a lo que hice en mi anterior blog y me he marcado una meta: por jodida que esté la cosa, voy a intentar escribir con buena cara, lo que significará en algunas ocasiones hacer de tripas corazón y tirar de la ironía, aunque en ocasiones me vea arrastrado a la procacidad y al cinismo (a fin de cuentas es una herramienta del lenguaje como otra cualquiera).

Reconozcámoslo, tal y como está montado el tinglado, lo tienen todo hecho una mierda (y en esto no admito discusión, soy pesimista sí, pero además tengo ojos en la cara y soy realista). Afortunadamente hay un montón de cosas a las que un tipo normal como yo puede agarrarse: Tengo una mujer maravillosa y una hija preciosa. Tengo mi casa, con casi todos sus muebles (aunque esté pagando plazos hasta la próxima glaciación). Tengo un trabajo…, vale que me frustre a menudo y que esté mal pagado, pero en los tiempos que corren me tengo que dar con un canto en los dientes. Y sobre todo, tengo un montón de ideas en la cabeza y esperanzas en el corazón que me ayudan a levantarme a las seis de la mañana cada día… Así que después de todo no estoy tan jodido…