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viernes, 7 de octubre de 2011

Tontadas institucionalizadas (II)

A estas alturas, esa frase que reza que la estupidez humana no tiene límites, está tan manida que casi ha perdido su significado. Sin embargo, yo no dejo de sorprenderme por la facilidad con que, históricamente, los seres humanos más gilipollas alcanzan las más altas cotas de la política y la sociedad...

Mientras unos cuantos infelices se parten los cuernos luchando por los derechos humanos, la dignidad de las personas y paridas así, algunos se siguen esforzando por azuzar y dar alas al animal más bestia -valga la redundancia- que llevamos dentro. Aquí podéis disfrutar de la última ocurrencia de un congresista de Florida.

Y yo preocupado por ser políticamente correcto cuando escribo... Manda narices. Luego se llevan las manos a la cabeza, porque a unos cuantos les da por lanzar cabras desde campanarios... Claro que las pobres en este caso ni cobran ni llevan casco...

martes, 15 de marzo de 2011

Cuando ganan los malos

Pertenencia a comando terrorista, involucrado en atentados con bomba, robos a mano armada y secuestro. Procesado y condenado por apología y enaltecimiento del terrorismo e injurias contra el Estado y la Corona (aunque quizás esto sea lo de menos). Estos detalles forman parte de extenso currículo del bueno de Arnaldo Otegi, que hoy se debe estar descojonando del Estado de Derecho.

Para una vez que la justicia española había puesto los puntos sobre las ies, hoy la estupidez institucionalizada me ha vuelto a dejar (contra todo pronostico) ojiplático y boquiabierto. El Tribunal Europeo de Estrasburgo de los Derechos Humanos ha condenado a España por vulnerar la libertad de expresión de este individuo, y ahora toca pagarle la suma de 20.000 euros por daños morales -más 3.000 de costas del proceso-. Importe que saldrá, por supuesto, de nuestros contribuyentes bolsillos...

A mis ojos, esa institución, así como la expresión "Derechos Humanos" acaba de sufrir un duro revés. Lo triste es que probablemente tiene razón. El señor Otegi tiene tanto derecho a decir que el rey es el jefe de los torturadores, como yo a decir que él es un hijo de puta sin escrúpulos y con ideales caducos. La diferencia es que si yo fuera un columnista prestigioso, o incluso si este blog lo leyeran más de diez personas, igual hasta me tocaba pagarle por difamación... Este es el país en el que vivimos, este es el mundo en el que vivimos.